4. Jesús, Hijo de Dios

Personaje histórico, real y verdadero,  no mítico ni de ficción

Jesús es un personaje histórico, a diferencia de las deidades de tiempos antiguos como Ares hijo de Zeus para los griegos, o Thor hijo de Odín para los vikingos, o Marte hijo de Júpiter para los romanos, o Dharma hijo de Brahma en las religiones védicas.

Jesús de Nazareth es tan real como lo fueron Hammurabi  en Mesopotamia (+1750 AC), Sócrates en Grecia (+399 AC) , Alejandro Magno en Macedonia (+323 AC),  Qin Shi Huang en China (+210 AC), y miles de otras figuras relevantes en la historia de la humanidad.

En el siglo VI, el monje Dionisio el Exiguo hizo la estimación del Anno Domini, en el cual habría nacido Jesús, sin embargo, cometió un error de cálculo, y el Jesús histórico habría nacido en realidad cerca del año 6 o 7 AC y muy probablemente murió el 3 de abril del año 33 según los historiadores. Otro dato histórico es que tampoco nació el 25 de Diciembre, sino que los primeros cristianos adaptaron la fiesta pagana del Nacimiento del Sol impuesta por los romanos, para celebrar en esa fecha el nacimiento de Jesús. Es importante recordar que los cristianos celebramos acontecimientos, no fechas estrictamente hablando.

Aunque las fuentes no cristianas sobre Jesús no son tan abundantes, las que se tienen dan indicios sobre la veracidad de su existencia. El historiador judío Flavio Josefo lo menciona en sus “Antiguedades judías” (S. I).

Flavio Josefo

Otra obra judía que también menciona a Jesús es el tratado del Sanhedrin del Talmud babilónico (S. III). Algunos historiadores romanos del S. I también hacen referencia: Cornelio Tácito, Gayo Suetonio y Plinio el joven.

Por supuesto, las fuentes cristianas son mucho más abundantes, comenzando por los cuatro Evangelios de la Biblia, denominados según su autor: Mateo (Apóstol) , Marcos (discípulo de Pedro), Lucas (discípulo de Pablo, médico de profesión) y Juan (el Apóstol más joven, y al que Jesús más amaba, autor también de algunas cartas y del Apocalipsis).

Los cuatro evangelistas

Los evangelios que narran la vida de Jesús, no lo hacen como un texto biográfico que secuencia episodios en su vida. Son textos con un propósito espiritual: mostrar al lector que Jesús es Hijo de Dios. Sin tergiversar hechos, enfatizan los acontecimientos que consideraron relevantes para su propósito, y sugieren una interpretación de los sucesos y palabras dichas por El, dependiendo del destinatario del texto: Mateo escribe para los judíos, para demostrar que en Jesús se cumplen las profecías sobre el Mesías; Marcos escribe para las comunidad cristianas convertidas de la cultura griega; Lucas enfatiza el carácter universal de la salvación; Juan profundiza en el carácter Divino de Jesús.

Sin embargo, la comparación (sinopsis) de los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, permite construir una secuencia de hechos históricos (ver sinopsis). Veamos algunos aspectos relevantes de la vida de Jesús.

Sobre la infancia de Jesús, el Evangelio que proporciona más detalles es el de Lucas :

Siendo Herodes rey de Judea …/…el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,  a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María. Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»  María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo. Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios.  Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús.  Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo.

Lucas 1, 5. 26-32

Por aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. Éste fue llamado “el primer censo”, siendo Quirino gobernador de Siria. Todos, pues, empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa.

Lucas 2, 1-7

Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, nombre que había indicado el ángel antes de que su madre quedara embarazada. Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo con la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,  tal como está escrito en la Ley del Señor:

Lucas 2, 21-23

Después de presentar a Jesús en el templo según la costumbre, tuvieron que huir a Egipto por la persecución de Herodes, cuando manda a matar a los niños menores de 2 años, y que hoy recordamos como el día de los Santos Inocentes (28 de diciembre). Luego sigue el episodio cuando Jesús se pierde en Jerusalén, cuando tenía 12 años, y lo encuentran en el templo conversando con los «maestros de la Ley» (Lucas 2, 41ss).

No se sabe más nada de Jesús hasta que ya es adulto:

MateoMarcosLucasJuan
Juan el Bautista presenta a Jesús y lo bautiza3,111,73,15
Se retira cuarenta días al desierto antes de comenzar su misión (las tentaciones)4,11,124,1
En las bodas de Cana convierte el agua en vino a petición de su madre2,1
Proclama su misión en Nazaret4,124,14
Escoge a los primeros discípulos4,181,14

Una vez que Jesús comienza su misión, hubo dos elementos clave: las parábolas y los milagros. Las parábolas eran breves narraciones que utilizaba Jesús para comunicar sus enseñanzas, a modo de ejemplo o en sentido metafórico. Su predicación se centraba en explicar el Reino de Dios. Respecto a los milagros, eran los hechos prodigiosos que confirmaban su carácter divino, como por ejemplo las curaciones, la multiplicación de los panes y peces, resucita a los muertos (como Lázaro y la hija de Jairo), entre otros. Un tercer elemento podrían ser los diálogos y encuentros con diversas personas. En los Evangelios nada está de más.

Los acontecimientos cruciales en la vida de Jesús son los que hoy celebramos durante la Semana Santa: en su último viaje a Jerusalén, Jesús es apresado, juzgado, torturado y condenado a muerte, y tres días más tarde resucita!!!

Hijo de Dios.

De muchas maneras habló Dios al mundo,
hasta que nos habló por medio de su propio Hijo,
por medio de quien hizo toda las cosas

Cfr. Hebreos 1, 1-2

Las deidades de todas las religiones aparecen como seres míticos, que no pueden ser ubicados en la historia, y se comunican con los hombres a través de sacerdotes, profetas, maestros ascendidos o como queramos llamarlos,  o mediante escritos ancestrales. A lo largo de la historia ha habido personas que se han abrogado la facultad de ser portavoces de Dios, como Mahoma, o maestros espirituales como Siddharta Gautama (Buda), pero ellos no se atrevieron a llamarse a sí mismos hijos de Dios; solo Jesucristo se atrevió a hacerlo.

Pero Jesús debía demostrarlo, y recurrió para ello a dos hechos concretos: los milagros y su propia resurrección.

Su propia resurrección fue sin duda el hecho mas asombroso. Durante cuarenta días Jesús se dejó ver por suficientes personas para que fueran testigos de ello: primero las mujeres que fueron el domingo a cambiar los vendajes del cuerpo en el sepulcro, luego a los dos discípulos en el camino de Emaús, más tarde a los 11 Apóstoles, y finalmente a más de 500 personas.

Quizá muchos puedan pensar como Santo Tomás el Apóstol (ver para creer). Tomás convivió con Él durante su vida pública, lo vio sanar enfermos, hacer docenas de milagros, y cuando le hablaron sus compañeros que estaba vivo, resucitado, no lo podía creer. Por eso Jesús le dijo cuando se le apareció: “Crees porque me has visto?, dichosos los que creen sin haber visto!”.

Testigos de Jesús.

Todos los bautizados estamos llamados a ser testigos de Jesús, y de comunicar la Buena Noticia de la salvación a todos los hombres. Sin embargo, Jesús ha permitido que algunas personas realicen milagros en su nombre, comenzando por el mismo Pedro, el Apóstol, para que con sus prodigios demuestren que vienen de parte de Jesús, hijo de Dios. Y así como Pedro, a lo largo de la historia han aparecido otros taumaturgos, capaces de obras inverosímiles. Sin embargo, regularmente los escépticos alegan el atraso científico de aquellos tiempos como explicación de los hechos.

En el Siglo XX, aparece en Italia un hombre extraordinario: el padre Pio. Capaz de curar cualquier enfermedad por imposible que pareciera, de estar en dos lugares a la vez y de conocer los pensamientos, tuvo además en su cuerpo los estigmas de Jesucristo. Los médicos y científicos le realizaron numerosos exámenes sin encontrar explicación alguna. El padre Pio murió en 1968, pero todavía quedan testigos que dan fe de los numerosos milagros que realizó, así como fotos, videos e informes médicos y científicos que certifican el carácter sobrenatural que rodeó la vida de este monje capuchino. Pero la finalidad de estos prodigios era una: demostrar que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre.

San Pío de Pietrelcina

Pero en realidad a Jesús no se le conoce por argumentos ni leyendo sobre su vida como quien lee una biografía. Se le conoce acercándose a Él, mediante la oración y la lectura meditada de los Evangelios. La oración es conversación; conversa con Jesucristo y poco a poco comenzarás a notar su presencia a tu lado.

No crees porque no lo has visto? Dile que eres como Tomás, y que te de la misma consideración que le dio a él. Cuanto podrías perder dedicándole unos minutos cada día para conversar con Jesús?

Salvador y Mediador

Muchos se preguntan, a qué vino Jesús al mundo? A darnos vida eterna, a salvarnos de la muerte. Veamos dos textos de San Juan:

¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él.

Juan 3, 16-17

yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo.

Juan 12, 47b

Ya está claro, vino a salvarnos y darnos vida eterna. Y puede hacerlo porque Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres:

él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Dios es único, y único también es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús,

1ra Timoteo 2, 4-5

El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?

Romanos 8,31-34

Pues la Escritura dice: Tú eres sacerdote para siempre a semejanza de Melquisedec …/… Los sacerdotes anteriores se sucedían el uno al otro porque, siendo mortales, no podían permanecer. Jesús, en cambio, permanece para siempre y no se le quitará el sacerdocio. Por eso es capaz de salvar de una vez a los que por su medio se acercan a Dios. El sigue viviendo e intercediendo en favor de ellos.

Hebreos 7, 17. 23-25

La frase a la que se refiere San Pablo es el Salmo 113: Tú eres para siempre sacerdote a la manera de Melquisedec (Salmo 113, 4). Melquisedec era un sacerdote en tiempos de Abraham (S. XIX a.C. ), que ofrecía sacrificios con pan y vino: Melquisedec, rey de Salem, trajo pan y vino, pues era sacerdote del «Dios Altísimo (Genesis 14, 18), lo cual no era costumbre entre los judíos de esa época, sino que ofrecían sacrificios de animales.

Jesús amigo!

Jesús no es un Dios lejano. En cierta ocasión le dijo a sus discípulos:

No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y son ustedes mis amigos si cumplen lo que les mando. Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos.

Juan 15, 13-15

Al tratarlo progresivamente como amigo iras aprendiendo más y más de él, y sobre todo con una lectura meditada de los Evangelios. Visualiza por ejemplo esta escena:

Algunas personas le presentaban los niños para que los tocara, pero los discípulos les reprendían. Jesús, al ver esto, se indignó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. En verdad les digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.» Jesús tomaba a los niños en brazos e, imponiéndoles las manos, los bendecía.

Marcos 10, 13-16

No se imaginan a Jesús sonriendo con los niños en brazos? No ven en ese texto a una persona alegre?

Cómo era el aspecto de Jesús?

Esta foto de Jesús proviene de la Sabana Santa de Turín (la Síndone), retocada mediante un software especializado.

Se trata de la sábana en la que envolvieron el cuerpo de Jesús cuando murió, como era costumbre en la época.

Hoy la Sindone se encuentra en la ciudad de Turín (Italia). En 1898 es fotografiada, y se percatan que el negativo resulta ser un positivo de una figura humana.

Más recientemente lograron también mediante impresión 3D hacer un modelo real del hombre en la sábana:

Esta es la narración bíblica sobre el origen del sudario:

Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en unos lienzos empapados en aromas, conforme a la costumbre que tienen los judíos de sepultar a los muertos…  El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida. Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Pedro y el otro discípulo salieron para el sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Como se inclinara, vio los lienzos caídos, pero no entró. Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los lienzos caídos. El sudario con que le habían cubierto la cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó. Pues no habían entendido todavía la Escritura: ¡él “debía” resucitar de entre los muertos!

Juan 19, 40 y 20, 1-9

Para ti, quién es Jesús?

Pide a un grupo de personas que te describan, y cada uno tendrá su propia versión de ti. Cada quien tiene una vivencia distinta contigo y conoce distintas facetas suyas. Pues así puede pasar con Jesús.

Una vez Jesús le preguntó a discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? (Lucas, 9, 18). Y cada quien comentó lo que se decía. Si haces la misma pregunta hoy en día algunos dirán que es un gran maestro elevado, para otros es una energía cósmica, para otros un revolucionario de la historia, o para los espiritistas es una deidad más en su altar, y para otros simplemente otro líder espiritual…

Pero luego Jesús hizo una pregunta más directa: Y ustedes, ¿quién dicen que soy? (Lucas, 9, 20). Y si estuviera solo contigo, y te preguntara directamente:

Y TÚ, quien dices que soy?.