Sobre la «Fiducia Supplicans»

El 18 de Diciembre de 2023, el PP Francisco publica la declaracion Fiducia supplicans, sobre el sentido pastoral de las bendiciones, pero que toca el tema de la bendición de parejas homosexuales o en situación irregular, lo cual ha causado un gran revuelo y ha sido objetada por algunos obispos en distintas partes del mundo. Acá presento algunas consideraciones sobre dicha declaración.

En primer lugar, antes de hacer cualquier comentario u observación, te recomiendo leer el texto completo de la declaración, que es de pocas páginas (Fiducia supplicans). Destaquemos ahora los siguientes párrafos:

#4: Se trata de evitar que «se reconoce como matrimonio algo que no lo es». Por lo tanto son inadmisibles ritos y oraciones que puedan crear confusión entre lo que es constitutivo del matrimonio, como «unión exclusiva, estable e indisoluble entre un varón y una mujer, naturalmente abierta a engendrar hijos», y lo que lo contradice. Esta convicción está fundada sobre la perenne doctrina católica del matrimonio. Solo en este contexto las relaciones sexuales encuentran su sentido natural, adecuado y plenamente humano. La doctrina de la Iglesia sobre este punto se mantiene firme.

#20: Quien pide una bendición se muestra necesitado de la presencia salvífica de Dios en su historia, y quien pide una bendición a la Iglesia reconoce a esta última como sacramento de la salvación que Dios ofrece. Buscar la bendición en la Iglesia es admitir que la vida eclesial brota de las entrañas de la misericordia de Dios y nos ayuda a seguir adelante, a vivir mejor, a responder a la voluntad del Señor.

#33: Es esta una bendición que, aunque no se incluya en un rito litúrgico, une la oración de intercesión a la invocación de ayuda de Dios de aquellos que se dirigen humildemente a Él. ¡Dios no aleja nunca al que se acerca a Él!

#36: En este sentido, es esencial acoger la preocupación del Papa, para que estas bendiciones no ritualizadas no dejen de ser un simple gesto que proporciona un medio eficaz para hacer crecer la confianza en Dios en las personas que la piden, evitando que se conviertan en un acto litúrgico o semi-litúrgico, semejante a un sacramento.

#39: De todos modos, precisamente para evitar cualquier forma de confusión o de escándalo, cuando la oración de bendición la solicite una pareja en situación irregular, aunque se confiera al margen de los ritos previstos por los libros litúrgicos, esta bendición nunca se realizará al mismo tiempo que los ritos civiles de unión, ni tampoco en conexión con ellos. Ni siquiera con las vestimentas, gestos o palabras propias de un matrimonio. Esto mismo se aplica cuando la bendición es solicitada por una pareja del mismo sexo.

Queda claro entonces que dicha bendición no es para formalizar ni autorizar ni legalizar una unión irregular, sino que es un gesto pastoral de oración e intercesión, para ayudar en su crecimiento espiritual al creyente que busca a Dios en la Iglesia, que se encuentra en una condición particular en su vida personal.

Por definición, una Bendición es «implorar a Dios la gracia del Espíritu Santo» (Cfr Catecismo de la Iglesia, # 2627). El derecho de la Iglesia establece quienes pueden recibir una bendidión:

Las bendiciones se han de impartir en primer lugar a los católicos, pero pueden darse también a los catecúmenos e incluso a los no católicos, a no ser que obste una prohibición de la Iglesia. (cc 1170 CIC).

Como puede apreciarse, en el Derecho no se establecen exclusiones de ningún tipo.

Recordemos lo que dijo San Juan Pablo II en la encíclica Dives in Misericordia:

#15: Elevemos nuestras súplicas, guiados por la fe, la esperanza, la caridad que Cristo ha injertado en nuestros corazones. Esta actitud es asimismo amor hacia Dios, a quien a veces el hombre contemporáneo ha alejado de sí ha hecho ajeno a sí, proclamando de diversas maneras que es algo « superfluo ». Esto es pues amor a Dios, cuya ofensa-rechazo por parte del hombre contemporáneo sentimos profundamente, dispuestos a gritar con Cristo en la cruz: « Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen ». Esto es al mismo tiempo amor a los hombres, a todos los hombres sin excepción y división alguna: sin diferencias de raza, cultura, lengua, concepción del mundo, sin distinción entre amigos y enemigos. Esto es amor a los hombres que desea todo bien verdadero a cada uno y a toda la comunidad humana, a toda familia, nación, grupo social; a los jóvenes, los adultos, los padres, los ancianos, los enfermos: es amor a todos, sin excepción. Esto es amor, es decir, solicitud apremiante para garantizar a cada uno todo bien auténtico y alejar y conjurar el mal.

El enfoque pastoral de la Fiducia supplicans es pues el de la misericordia.

No se puede olvidar que TODOS somos pecadores, y todos estamos necesitados de Dios. Ningun ser humano está excento de la necesidad de la misericordia y el perdón de Dios.

Hay que considerar que generalmente las uniones a las que se refiere la Fiducia se originan en la debilidad de la condición humana, y como tales, representan para el cristiano un reto de lucha interior. Cuantas veces no hemos confesado el mismo pecado frente al sacerdote? Pecados que por nuestra debilidad nos cuesta mucho superar, y aun asi no dejamos de participar en la Liturgia ni nos alejamos de Dios. Recordamos entonces a San Pablo (Romanos 7, 14-25):

Sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy débil, vendido como esclavo al pecado. No entiendo el resultado de mis acciones, pues no hago lo que quiero, y en cambio aquello que odio es precisamente lo que hago. Pero si lo que hago es lo que no quiero hacer, reconozco con ello que la ley es buena. Así que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí. Porque yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza débil, no reside el bien; pues aunque tengo el deseo de hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. No hago lo bueno que quiero hacer, sino lo malo que no quiero hacer. Ahora bien, si hago lo que no quiero hacer, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí. Me doy cuenta de que, aun queriendo hacer el bien, solamente encuentro el mal a mi alcance. En mi interior me gusta la ley de Dios, pero veo en mí algo que se opone a mi capacidad de razonar: es la ley del pecado, que está en mí y que me tiene preso. ¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará del poder de la muerte que está en mi cuerpo? Solamente Dios, a quien doy gracias por medio de nuestro Señor Jesucristo. En conclusión: yo entiendo que debo someterme a la ley de Dios, pero en mi debilidad estoy sometido a la ley del pecado.

Es que acaso hay alguien que no se sienta identificado con lo que dice San Pablo? Como dijo el propio Jesús: «el que esté libre de pecado que lance la primera piedra» (Juan 8, 7).

Vacunarse, un acto de amor al prójimo y responsabilidad colectiva

La ciencia puede liberar a la religión de error y superstición; la religión puede purificar a la ciencia de idolatría y falsos absolutos. Juan Pablo II

https://www.comillas.edu/images/catedras/CTR/CARTAJUANPABLII.pdf

No en vano dice el refrán que «una mentira repetida mil veces termina siendo verdad»., y este es el caso del origen de las vacunas contra el Covid-19. Para algunos católicos el tema de las vacunas ha causado dilemas morales por no manejar adecuadamente la información sobre la forma en que se producen las vacunas. Hay quienes creen que todas las vacunas se hacen a partir de fetos humanos, lo cual es falso. Para aclarar este asunto recomiendo leer dos interesantes artículos:

Los tratamientos contra el covid-19 no contienen células y tejidos de fetos abortados, por el Dr. Elmer Huerta, publicado en CNN Español.

Vacunas, «células de fetos abortados» y otras teorías irracionales, publicado por el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría.

Para resumir ambos artículos, en la década de 1960’s si se realizaron algunas investigaciones con células de fetos, pero a partir de allí se emplean células creadas en laboratorios, que contienen la misma configuración de células embrionarias, pero que no provienen de un ser humano sino que son fabricadas artificialmente.

Aparte podemos citar otros artículos sobre el tema de la vacuna desde la perspectiva católica:

Vacunarse: un acto de responsabilidad con uno mismo y de solidaridad con los demás que reseña una Instrucción Pastoral de los Obispos de Puerto Rico, y también Obispos de EE.UU.: Vacunarse contra el COVID-19 debe verse como un acto de caridad, publicados ambos en Aleteia.org. También les recomiendo este breve reel en Instagram: https://www.instagram.com/p/CTy-QfXtZp5/?utm_source=ig_web_button_share_sheet

Es por esto que sin titubear al papa Francisco nos exhorta a vacunarnos, pues sin duda es un acto de amor, un acto de responsabilidad para con el prójimo, pues al vacunarnos reducimos la probabilidad de contagiarnos y de a su vez contagiar a otras personas.

Sin embargo, algunos argumentan la libertad individual para decidir no vacunarse. Pero en este tema no se trata de una decisión personal inocua para los que nos rodean, como decidir sobre lo que quiero comer o la película que quiero ver; en este caso, esa decisión afecta significativamente al prójimo, pues se elige el riesgo de contagiarse y de contagiar a otros, llevándolos incluso a la muerte.

El aborto es un crimen.

Las personas que defienden el aborto parten de dos premisas: la primera, dependiendo de las semanas no se trataría de un ser humano sino de un conjunto de células, y la segunda, si solo son células, es potestad de la mujer decidir sobre su cuerpo.

Sin embargo para los cristianos se trata de un ser humano desde el momento de la fecundación, y defendemos la vida desde su comienzo. Nuestro argumento es muy simple: cuando se cruzan un espermatozoide y un óvulo se forma un cigoto, que contiene el ADN de un ser humano. Cada óvulo y cada espermatozoide es un gameto, que contiene 23 cromosomas singulares no apareados, y al mezclarse forman los 23 pares de cromosomas completos, una secuencia completa de ADN humano.

https://es.calcuworld.com/cuantos/cuantos-cromosomas-tiene-un-espermatozoide/

Al estar presentes en células vivas, decimos que se trata ya de un ser humano en formación. Es sin duda un ser vivo con ADN humano, así de simple.

Entre 3 y 5 días después de fecundado, el cigoto se mueve hacia el útero, y mientras, se convierte en una esfera de células que llamamos blastocito, que para el 6to día ya se encuentra implantado en el útero. Entre los días 10 y 12 ya se le llama embrión. En la tercera semana ya comienzan a formarse la mayoría de los órganos, comenzando por el sistema nervioso central y el corazón. Entre la quinta y sexta semana se empiezan a escuchar los latidos del corazón. Para la octava semana se le llama feto, y ya tiene el aspecto de un diminuto ser humano.

https://babygest.com/es/definicion-de-cigoto-embrion-y-feto/evolucion-de-los-embriones/

Por si alguien tiene dudas de si un embrión es un ser vivo, recientemente acaba de nacer en Estados Unidos la bebé Molly Gibson. Molly fue un embrión fecundado en 1992, y se mantuvo congelado durante 27 años hasta el 10 de febrero de 2020, cuando fue trasplantado al útero de Tina Gibson. Molly nació el 26 de octubre de 2020. Puedes ver el reportaje en https://es.aleteia.org/2020/12/06/estados-unidos-bebe-nacido-de-un-embrion-de-27-anos/ o en https://www.wbtv.com/2020/11/30/tenn-baby-breaks-record-after-being-born-year-old-embryo/.

El magisterio de la Iglesia.

La Iglesia se ha pronunciado con insistencia sobre este tema:

Pero más allá de las argumentaciones teóricas (éticas y teológicas) excelentemente expuestas por la Iglesia sobre la defensa de la vida y el repudio del aborto, están las revelaciones privadas hechas a varios videntes, santos y místicos, quienes han sido capaces de ver la dimensión espiritual del aborto, y alertan dramáticamente sobre las consecuencias que ocasiona. Lo que sigue no son argumentos, son testimonios.

Qué opina el Cielo sobre el aborto?

Esto es lo que ha dicho la Santísima Virgen a varios videntes:

  • A Amparo Cuevas : «las madres se han convertido en las asesinas de sus propios hijos».
  • A Pedro Regis: «lloro por los crímenes practicados por las madres que abortan a sus hijos».
  • A Gladys Quiroga de Motta: «el aborto es una de las graves ofensas a Dios». Aleteia tiene un interesante artículo al respecto.
  • A Mirjana Dragicevic (de Medjugorje): «no hay pecado para Dios que no pueda ser perdonado, pero para el aborto hay que hacer penitencia toda la vida».
  • A Agustín del Divino Corazón: «el pecado del aborto lacera mi Inmaculado Corazón y el Sagrado Corazón de Jesús».

Adicionalmente tenemos el testimonio de otras personas:

  • La beata Ana Catalina Emmerick tuvo una visión donde mujer que abortó al niño producto de una violación, tuvo que expiar en el purgatorio todos los años que Dios había planeado de vida para ese niño no nacido.
  • El padre Stefano Gobbi decía que los niños abortados sin bautismo son salvados por Dios, pues no han tenido oportunidad de demostrar en vida los méritos para su salvación.
  • María Simma comentaba que los niños abortados acompañan a sus hermanos vivos durante toda su vida.
  • El Dr Kennet McAll, reconocido psiquiatra que ha estudiado clínicamente los fenómenos relacionados con el tránsito de la muerte, ha documentado unos 600 casos donde personas afirman haber visto a sus hermanos no nacidos (abortados), pero ya crecidos, como si su desarrollo no se hubiese detenido.
  • El padre Robert de Grandis, pedía hacer oraciones y bautismos a los niños abortados, y escribió varias oraciones para ellos.
  • El padre James Manjakal continuamente hacía bautizos a niños abortados y pasaba un par de horas al día rezando por ellos.
  • El padre Gabriel Amorth, reconocido exorcista, así como numerosos sacerdotes, dan testimonio de que durante los exorcismos algunos posesos revelan que el demonio se jacta de los abortos.
  • El Dr. Peter Kreeft afirma que el aborto es la parodia demoníaca de la «eucaristía» del anticristo.

En general todos los videntes coinciden que los niños abortados deben ser bautizados espiritualmente, se les debe poner un nombre y se deben celebrar misas de exequias por ellos.

Aún te parece que se trata solo de un puñado de células? De verdad crees que no tiene consecuencias cuando toque dar cuenta frente a Dios?

Los divorciados con segundas nupcias y el sacramento de la Reconciliación

Evangelizar no es lo mismo que enseñar moral o encontrar soluciones en el Derecho Canónico. Las cuestiones pastorales deben tratarse y decidirse entre quienes tienen responsabilidades pastorales.

Card. Walter Kasper, 2014

En sus palabras ante el Consistorio del 21 de Febrero de 2014, previo a la sesión inaugural del Sínodo sobre la Familia, el Cardenal Walter Kasper puso sobre la mesa de discusión la admisión a los sacramentos de la reconciliación y la eucaristía de los divorciados vueltos a casar civilmente. El problema no está en la doctrina sobre el matrimonio y la familia, la cual debe considerarse intacta y apegada a la verdad revelada, como así lo deja ver bien claro el Cardenal Kasper. Pero el hecho es que se tiene el divorcio y la ruptura  de las familias como un problema grave, y lo que no queda del todo claro es la negación per se del Sacramento de la Reconciliación a quien con verdadero arrepentimiento confiesa su pecado y su culpa, le pide a la Iglesia el perdón de sus pecados, y le es negada a priori sin considerar la condición particular de la persona.

La raíz del problema está en la deficiente iniciación cristiana a los sacramentos y en particular el matrimonio, y allí debe aplicarse la solución de raíz, pero también deben atenderse las consecuencias o síntomas que produce. Negarse a hacer algo ante el problema es como si se planteara que el problema de las drogas comienza en la familia y la falta de educación, y por tanto no debe atacarse el problema de la rehabilitación de los drogadictos o el combate del narcotráfico.

Como bien lo decía el Card. Kasper, sólo algunos casos particulares deben ser cuidadosamente examinados, y cito:

La pregunta es: ¿Esta vía, más allá del rigorismo y del laxismo, la vía de la conversión, que aflora en el sacramento de la misericordia, el sacramento de la penitencia, es también el camino que podemos recorrer en la presente cuestión? Un divorciado vuelto a casar:

1. Si se arrepiente de su fracaso en el primer matrimonio,

2. Si ha aclarado las obligaciones con relación al primer matrimonio, siendo absolutamente definitivo revertir la situación,

3. Si no puede abandonar, sin otras culpas, las obligaciones asumidas en el nuevo matrimonio civil,

4. Si sin embargo, se esfuerza de la mejor manera, según sus posibilidades, el segundo matrimonio, a partir de la fe, y de educar a los hijos en la fe,

5. Si tiene deseo de los sacramentos como fuente de fortaleza en su nueva situación,

¿Debemos o podemos negarle, después de un tiempo de nueva orientación (metanoia), el sacramento de la penitencia y luego de la comunión?

Un matrimonio civil, claramente descrito, se diferencia de otras formas de convivencia “irregular”, como los matrimonios clandestinos, las uniones de hecho, sobre todo la fornicación y los llamados matrimonios salvajes.  La vida no es sólo blanco y negro, de hecho, existen muchos matices.

Todo pecado puede ser absuelto, todo pecado puede ser perdonado. También el divorcio. Ése es el punto de partida.

Card. Walter Kasper, 2014

Para abordar el problema se propone un punto de vista: la práctica de la Misericordia a través del ejercicio del poder de perdonar los pecados dado a la Iglesia.

La Sagrada Escritura.

Entre muchas otras, son particularmente cuatro los pasajes bíblicos que  establecen el punto de partida:

  • Juan 20,22-23 (cfr. Mt.16,19 ; Mt. 18,18)

Y sopló sobre ellos, y les dijo:

—Reciban el Espíritu Santo. A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar.

  • Juan 8, 1-11.15

Pero Jesús se dirigió al Monte de los Olivos,  y al día siguiente, al amanecer, volvió al templo. La gente se le acercó, y él se sentó y comenzó a enseñarles.

Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer, a la que habían sorprendido cometiendo adulterio. La pusieron en medio de todos los presentes, y dijeron a Jesús:

—Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de cometer adulterio. En la ley, Moisés nos ordenó que se matara a pedradas a esta clase de mujeres. ¿Tú qué dices?

Ellos preguntaron esto para ponerlo a prueba, y tener así de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y comenzó a escribir en la tierra con el dedo. Luego, como seguían preguntándole, se enderezó y les dijo:

—Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra.

Y volvió a inclinarse y siguió escribiendo en la tierra. Al oír esto, uno tras otro comenzaron a irse, y los primeros en hacerlo fueron los más viejos. Cuando Jesús se encontró solo con la mujer, que se había quedado allí, se enderezó y le preguntó:

—Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?

Ella le contestó:

—Ninguno, Señor.

Jesús le dijo:

—Tampoco yo te condeno; ahora, vete y no vuelvas a pecar.

… Ustedes juzgan según los criterios humanos. Yo no juzgo a nadie;

  • Mateo 12, 31-32

Por eso les digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero.

Esta última cita es clave: TODO PECADO!!!!!!!

Los Santos Padres

Los Santos Padres atestiguan el poder de la Iglesia para perdonar los pecados. San Paciano dice, citando la Escritura: Todo lo que soltareis, dice el Señor ; no excluye absolutamente nada. Todo,  sea grande o pequeño (Ep. 3, 12). Lo mismo refiere San Ambrosio: Dios no hace diferencias; ha prometido a todos su misericordia y concedió a sus sacerdotes la autoridad para perdonar sin excepción alguna (De poenit. I 3, 10).

En otro texto San Ambrosio profundiza más esta idea (De poenit. I 13, 10):

¡Vuelvan, pues, a la Iglesia si alguno de ustedes se separó impíamente de ella! ¡Cristo promete el perdón a todos los que vuelven a ella!, pues está escrito: “Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo” (Jl 3,5; He 2,21; Rom 10,13) ¡Tenemos un Señor bueno que quiere perdonar a todos! Si quieres ser justificado, confiesa tu culpa. La humilde confesión de los pecados desata los nudos de las faltas. ¿Te avergüenza hacer esto en la Iglesia? ¿Te repugna suplicar a Dios y obtener el auxilio de la santa asamblea que suplica por ti, y esto allí donde no hay motivo alguno de vergüenza sino el de no confesar los propios pecados, puesto que todos somos pecadores, precisamente allí donde merece mayor alabanza quien es más humilde, más sincero, más despreciable a los propios ojos? ¡Llore por ti la madre Iglesia y lave tus culpas con sus lágrimas! ¡Te vea Cristo inmerso en el dolor y diga: “Bienaventurados los que lloráis, porque gozaréis” (Lc 6.21); El se alegra de que muchos lloren por uno solo. Conmovido por las lágrimas de una viuda, le resucitó el hijo, porque todos lloraban por ella (Lc 7,12-13).

El Magisterio de la Iglesia

Hay un elemento importe a destacar: sin dolor por el pecado no hay perdón. Por lo tanto el Concilio de Trento (Sesión XIV, c. 4) «La contrición, que ocupa el primer lugar entre los actos del penitente, es el dolor del corazón y odio por el pecado cometido, con la voluntad de no pecar más». El Consejo (ibíd.), además, que distingue a la contrición perfecta contrición imperfecta, que se conoce como atrición, y que surge de la consideración de la vileza del pecado o del miedo del infierno y el castigo. El Concilio de Trento enseña además (ibíd.): «aunque a veces ocurre que esta contrición sea perfecta y que reconcilia al hombre con Dios antes de la recepción real de este sacramento, siendo la reconciliación no debe ser atribuido a la propia contrición, aparte del deseo del sacramento que él (contrición) incluye».

De acuerdo con esta enseñanza de Pío V condenó (1567) la proposición de Bayo afirma que la contrición perfecta, incluso no lo hace, salvo en caso de necesidad o de martirio, el pecado cometido, sin la recepción del sacramento (Denzinger-Bannwart, «Enchir». , 1071). Cabe señalar, sin embargo, que la contrición de la que el Consejo habla es perfecto en el sentido de que incluye el deseo (votum) para recibir el sacramento. El que en realidad se arrepiente de su pecado por amor a Dios debe estar dispuesto a cumplir con la ordenanza divina con respecto a la penitencia, es decir, se confesaría si un confesor eran accesibles, y se da cuenta que él está obligado a confesar que cuando él tiene la oportunidad. Por lo tanto, es evidente que ni siquiera el dolor de corazón, puede prescindir del poder del Sacramento de la Penitencia.

El derecho de la Iglesia

El Derecho Canónico establece (cic 959):

En el sacramento de la penitencia, los fieles que confiesan sus pecados a un ministro legítimo, arrepentidos de ellos y con propósito de enmienda, obtienen de Dios el perdón de los pecados cometidos después del bautismo, mediante la absolución dada por el mismo ministro, y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron al pecar.

El Papa Francisco.

La Exhortacion Apostólica Postsinodal AMORIS LAETITIA (la alegría del amor), del papa Francisco, publicada en 2016, trata sobre el amor en la familia. El capítulo sexto contiene una sección titulada «Iluminar crisis, angustias y dificultades» (# 231 – 252), y dentro de esta sección se trata el tema de las rupturas de los matrimonios . Algunos párrafos son especialmente iluminadores y recomiendo leer el texto íntegro de este breve apartado: Acompañar después de rupturas y divorcios (# 241-252). Cito un párrafo clave:

A las personas divorciadas que viven en nueva unión, es importante hacerles sentir que son parte de la Iglesia, que «no están excomulgadas» y no son tratadas como tales, porque siempre integran la comunión eclesial. Estas situaciones «exigen un atento discernimiento y un acompañamiento con gran respeto, evitando todo lenguaje y actitud que las haga sentir discriminadas, y promoviendo su participación en la vida de la comunidad.

AMORIS LAETITIA, # 243

Y respecto al Sacramento de la Reconciliación, el papa Francisco en su catequesis el 20 de Noviembre de 2013 en la Plaza San Padro nos dice:

En primer lugar, debemos recordar que el protagonista del perdón de los pecados es el Espíritu Santo. Él es el protagonista. En su primera aparición a los Apóstoles en el Cenáculo, -hemos escuchado- Jesús resucitado hizo el gesto de soplar sobre ellos, diciendo: ‘Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan’.

Jesús da a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados. ¿Pero cómo es esto? Porque es un poco difícil entender como un hombre puede perdonar los pecados. Jesús da el poder. La Iglesia es depositaria del poder de las llaves: para abrir, cerrar, para perdonar. Dios perdona a cada hombre en su misericordia soberana, pero Él mismo quiso que los que pertenezcan a Cristo y a su Iglesia, reciban el perdón a través de los ministros de la Comunidad.

…a través del ministerio apostólico la misericordia de Dios me alcanza, mis pecados son perdonados y se me da la alegría. De este modo, Jesús nos llama a vivir la reconciliación incluso en la dimensión eclesial, comunitaria. Y esto es muy hermoso. La Iglesia, que es santa y a la vez necesitada de penitencia, nos acompaña en nuestro camino de conversión toda la vida. La Iglesia no es la dueña del poder de las llaves: no es dueña, sino que es sierva del ministerio de misericordia y se alegra siempre que puede ofrecer este regalo divino.

Muchas personas, quizá no entienden la dimensión eclesial del perdón, porque domina siempre el individualismo, el subjetivismo, y también nosotros cristianos sufrimos esto. Por supuesto, Dios perdona a todo pecador arrepentido, personalmente, pero el cristiano está unido a Cristo, y Cristo está unido a la Iglesia. Y para nosotros cristianos hay un regalo más, y hay también un compromiso más: pasar humildemente a través del ministerio eclesial. ¡Y eso tenemos que valorizarlo! Es un don, pero es también una curación, es una protección y también la seguridad de que Dios nos ha perdonado.

Voy del hermano sacerdote y digo: «Padre, he hecho esto…» «Pero yo te perdono: es Dios quien perdona y yo estoy seguro, en ese momento, que Dios me ha perdonado. ¡Y esto es hermoso! Esto es tener la seguridad de lo que siempre decimos: «¡Dios siempre nos perdona! ¡No se cansa de perdonar!». Nunca debemos cansarnos de ir a pedir perdón. «Pero, padre, me da vergüenza ir a decirle mis pecados…». «¡Pero, mira, nuestras madres, nuestras mujeres, decían que es mejor sonrojarse una vez, que mil veces tener el color amarillo, eh!» Tú te sonrojas una vez, te perdona los pecados y adelante.

…se oye a alguien que dice que se confiesa directamente con Dios… Sí, como decía antes, Dios siempre te escucha, pero en el Sacramento de la Reconciliación envía un hermano para traerte el perdón, la seguridad del perdón, en nombre de la Iglesia.

Dios nunca se cansa de perdonarnos; mediante el ministerio del sacerdote nos estrecha en un nuevo abrazo que nos regenera y nos permite levantarnos de nuevo y reanudar el camino. Porque ésta es nuestra vida: continuamente levantarse y seguir adelante.

Como complemento a estos argumentos, recomiendo dos artículos publicados en Aletheia:

¿Hay pecados que un sacerdote «normal» no puede perdonar?

12 enseñanzas de los santos doctores sobre la misericordia

Conclusión

Ciertamente el matrimonio es indisoluble. Se peca cuando se descuida el matrimonio, se deja morir el amor y se rompe la relación. Ese es el pecado en cuestión. Ahora bien, si se plantea que el pecado fue haber roto una primera relación, y arrepentido de haberlo hecho hace el firme propósito por no volver a romper una relación, el fiel desea obtener el perdón de su pecado, ¿no estaría ya cumpliendo con las condiciones para el sacramento?, ¿o es que acaso este pecado no tiene perdón?.

Por otra parte, no debe obligarse a cohabitar a una pareja que no tiene sentimientos de afecto entre sí,  y además, en algunos casos la segunda relación es armoniosa y propicia la edificación mutua de la pareja, siendo además fecunda en hijos y durando por el resto de sus días, cumpliendo así lo establecido en el CIC 1055 #1: La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole…  Entonces, cuando juzgamos a priori que la segunda relación es condición de pecado, ¿no se estará juzgando con criterios humanos? (cfr. Jn. 8,15); y al impedir a los fieles una segunda relación, ¿no estaremos poniendo sobre estos fieles una carga demasiado pesada? (cfr. Mt. 23,4).

Es una gravísima responsabilidad para el sacerdote negar la absolución si la persona acude con un corazón contrito y arrepentido, a sabiendas de que sin su absolución la persona queda atada; recuérdese una vez más la Escritura: un corazón quebrantado y humillado tu no lo desprecias Señor (Sal. 51,17), ¿pero el sacerdote si puede despreciarlo? .  Cuando un ministro se niega a dar la absolución, ¿realmente está en cuenta del castigo que impone a la persona, a pesar de que pudiera estar en efecto arrepentido? . Y acaso cuando un sacerdote niega la absolución, no se parece a los que pretendían apedrear a la mujer adultera? (Cfr Juan 8, 1-11).

Hay que advertir que no son estos todos los casos, sino unos pocos que deben examinarse con cuidado y profundidad. En un mundo abierto al libertinaje, hay que medir bien cada decisión, pero por exceso de precaución no debe cometerse tampoco una injusticia.