El Magnificat

La oración.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador,
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí.
Su nombre es Santo
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo,
dispersa a los soberbios de corazón.
Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza
según lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahám y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.

Amen.

Origen.

Es la oración que reza María la Madre de Jesús cuando visita a su prima Isabel. Se encuentra en el Evangelio de Lucas 1, 46-55.

Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!»
María dijo entonces…

Lucas 1, 39-46

Oraciones para momentos del día

Al amanecer, Salmo 62:

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Amén.

En algún momento durante el día…

A tus plantas dulcísimo Jesús estoy postrado implorando el perdón de mis pecados,
porque yo confío tu divina bondad y misericordia.
Bien ves Señor mi gran miseria,
y también ves que necesito del auxilio que Tu le das a los que invocan tu Santo Nombre.
Por eso Señor me atrevo a suplicarte, por tu Divino Rostro y tu Sagrado Corazón,
que no se pierda en mí el fruto de la Sangre que derramaste en el árbol de la Cruz,
sino más bien dame una perfecta contrición,
para enmendar mi vida descarriada y emplearme en servirte.
Amén.

Himno al costarse.

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día.

Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia

La oración.

Se utiliza la misma camándula del Rosario de la Virgen. Se comienza rezando 1 Padre Nuestro, 1 Ave María, 1 Credo. Luego se rezan decenas como indica la figura. Se termina repitiendo 3 veces la jaculatoria final.

Origen.

En 1931 se aparece Jesús a una monja polaca, Faustina Kowalska. Le dijo que diera a las personas el mensaje de que la Misericordia de Dios podía perdonar TODOS los pecados si la persona se arrepentía. Pidió que pintara un cuadro con la visión que tenía, con la frase «Jesús en Ti confío».

El mismo Jesús también le enseñó la Coronilla de la Misericordia, y le dio las siguientes promesas:

  • Por la veneración de la imagen, el alma que la venera no perecerá;
  • Por la veneración de la imagen, el alma será defendida como gloria de Cristo;
  • Por la veneración de la imagen, el alma tendrá un recipiente con que puede ir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias;
  • Por la veneración de la imagen, al alma que viva a la sombra de ellos [de los rayos de la Misericordia] no le alcanzará la justa mano de Dios;
  • Por la Hora de la Divina Misericordia (D. 1320), nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Su Pasión;
  • Por la propagación de la Divina Misericordia durante toda su vida, el alma será protegida por Cristo como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido, y a la hora de la muerte, no será para ella Justo Juez, sino Salvador Misericordioso;
  • Por acercarse a la Fuente de la Vida (Cristo) el día de la Fiesta de la Divina Misericordia, el alma recibirá el perdón total de las culpas y de las penas;
  • Por la Novena, las almas que sean presentadas a Cristo (las mencionadas en la novena) van a sacar fuerzas, alivio, y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida, especialmente en la hora de la muerte;
  • Por la Coronilla de la Divina Misericordia, serán envueltas por Su Misericordia en la vida y especialmente a la hora de la muerte;
  • Por la Coronilla de la Divina Misericordia, Cristo se complace en dar todo lo que Le pidan;
  • Por la Coronilla de la Divina Misericordia, a los pecadores empedernidos (cuando la recen), Cristo colmará sus almas de paz y la hora de su muerte serán felices;
  • Con almas que recurran a Su Misericordia y con las que la glorifican y la proclaman, en la hora de la muerte, Cristo se comportará según Su infinita misericordia.

El Rosario

La oración.

Se rezan 5 misterios, seguidos de 1 Padre Nuestro, 10 Ave María, 1 Gloria y una jaculatoria:

«Oh mi Jesús, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno.
Lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia”.

Comienza con una oración inicial, que regularmente es un acto de contrición.

Para llevar la cuenta, se utiliza una «camándula» que es una serie de semillas (o cuentas) amarradas con un cordón, que contiene el número de oraciones que se deben rezar.

Los misterios se refieren a episodios de la vida de Jesús o de su madre María, se dividen en cuatro grupos, y se rezan según el día de la semana.

Misterios Gozosos (lunes y sábado)

  • La Encarnación de Jesús en el vientre de María
  • La Visitación de Maria a Isabel
  • El Nacimiento del Hijo de Dios
  • La presentación en el templo
  • El niño Jesús perdido y hallado en el templo

Misterios Luminosos (jueves)

  • El Bautismo de Jesús
  • Las bodas de Caná
  • El anuncio del Reino de Dios
  • La Transfiguración
  • La institución de la Eucaristía

Misterio Dolorosos (martes y viernes)

  • La oración en el Huerto de los olivos
  • La flagelación de Jesús
  • La coronación de espinas
  • Jesús con la cruz a cuestas camino al calvario
  • La crucifixión y muerte de Jesús

Misterios Gloriosos (miércoles y domingo)

  • La Resurrección de Jesucristo
  • Ascensión del Señor Jesucristo al Cielo
  • La venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los apóstoles
  • La Asunción de la Virgen María al Cielo
  • La Coronación de la Virgen María y la gloria de los ángeles y de los santos

Origen.

Durante siglos en lugar del «Ave María» solo se rezaban las dos primeras partes, y la oración era conocida como la “salutación”. En el siglo XIII se difundió la costumbre de rezar el “salterio de María”, que eran 150 salutaciones, y se empleaban los “contadores” para llevar la cuenta del número de salutaciones rezadas.

En la búsqueda de promover la oración entre el pueblo sencillo, en 1470 el fraile dominico Alain de la Roche ‒o Alano de Rupe‒, funda en Douai (ciudad del norte de Francia, cercana a la zona renana) la Cofradía del Salterio de la Gloriosa Virgen María. Su éxito fue tal, que pocos años más tarde el prior de los dominicos de Colonia (ciudad situada en la zona renana) creó en 1475 la primera Cofradía del Rosario. Rápidamente comenzaron a fundarse Cofradías del Rosario en otros conventos dominicos, pasando a ser responsabilidad de la Curia Generalicia de la Orden de Predicadores (Roma) en 1485.

Tratando de integrar el rezo del Rosario en la espiritualidad dominica, en esta época comienza a identificarse a santo Domingo con el Rosario. Y, pasado el tiempo, surgió la conocida tradición de que la Virgen María entregó a este santo un rosario, pidiéndole que propagara esta oración por el mundo entero; considerando así a santo Domingo el fundador del Rosario.

En 1568 el papa Pio V da la forma actual del Ave María, y establece el Rosario con 15 misterios (5 gozosos, 5 dolorosos y 5 gloriosos).

En las apariciones de Fátima (1917), la Virgen pide agregar la jaculatoria al final de cada misterio.

Luego el papa Juan Pablo II (2002) agrega los misterios luminosos.

El Credo

La oración.

Esta oración tiene dos formas:

Credo de los niceno-constantinopolitano (largo):

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.

Credo de los Apóstoles (corto):

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, y subió a los cielos, está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.
Amén.

Origen.

El credo niceno fue formulado durante el Segundo Concilio Ecuménico en la Ciudad de Constantinopla (año 381), y fue revisado en el Primer Concilio Ecuménico en Nicea (en el año 325).

El credo de los Apóstoles era el rezado por Pedro, y fue transmitido a la iglesia romana durante su estadía allí.

En la liturgia a veces se realiza la forma bautismal que es en forma de preguntas.

El Gloria

La oración.

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria,
Te alabamos,
Te bendecimos,
Te adoramos,
Te glorificamos,
Te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso.
Señor Hijo Único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre,
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros,
Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestras súplicas,
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros,
porque solo Tú eres santo,
solo Tú, Señor,
solo Tú, Altísimo Jesucristo,
con el Espíritu Santo y en la Gloria de Dios Padre.
AMEN.

Origen.

El texto comienza con las palabras que los ángeles utilizaron para anunciar el nacimiento de Jesús a los pastores (Lucas 2, 14).

El primer papa que introduce este himno en la Liturgia fue el papa Telesforo (128–139 aprox).

Como puede apreciarse, es una oración muy antigua en la Iglesia (desde el siglo II).

Ave María

La oración.

Dios te salve María, llena eres de gracia.
el Señor es contigo.
Bendita eres entre las mujeres,
y Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
AMEN.

Origen.

Se trata de repetir el saludo del ángel a la María cuando le anunció que sería la Madre de Jesús, las palabras de Isabel cuando María va a visitarla y agregamos una súplica para que ella interceda por nosotros ante Dios:

Dios te Salve María, Llena eres de gracia, El Señor es contigo.Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María. Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo. Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús.(Lucas 1, 26-31)
Bendita entre las mujeres, Y bendito el fruto de tu vientre Jesús.Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! (Lucas 1, 39-42)
Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen.La tercera parte en realidad tomó muchos siglos para que tuviera su forma actual. No es sino en 1568 que el papa Pio V deja por escrito la forma actual del Ave María.

Padre Nuestro

La oración

Padre Nuestro, que estás en el cielo,
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a quien nos ofende.
No nos dejes caer en tentación,
y líbranos del mal.
AMEN

Origen

El Padre Nuestro se los enseñó el mismo Jesús a discípulos y aparece en los Evangelios (en Mateo 6, 9-13 y en Lucas 11, 1-4).