Introducción: La oferta de Jesús

Al acercarnos a la Fe en Jesucristo, lo primero a tener claro es: a qué vino Jesús? La respuesta es solo una: a ofrecernos vida eterna. Cuando se dice que vino a salvarnos, simplemente quiere decir que viene a librarnos de la muerte. Dice la Biblia:

[a Jesucristo] sin haberlo visto lo aman y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así se alegran con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de la fe: la salvación de sus almas (1ra carta de Pedro, cap. 1, vers. 9)

No vino como líder social, con la sola pretensión de instaurar una sociedad más justa y fraterna. Tampoco vino como maestro espiritual para mostrarnos como integrarnos al cosmos. No vino a mostrarnos el poder de la mente, para forzar nuestros caminos según nuestros propios deseos. No vino a hablarnos de las energías del universo, ni como manipularla según nuestra voluntad, ni «decretar» lo que deseamos. En una sociedad donde el bienestar material es la meta de la mayoría, Jesucristo viene a ofrecernos la vida que sigue después de nuestro paso por este mundo.

Y respecto a la vida presente, Jesús nos dice:

Por eso yo les digo: No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos, ni por su cuerpo con problemas de ropa. ¿No es más importante la vida que el alimento y más valioso el cuerpo que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves? ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede añadir algo a su estatura? Y ¿por qué se preocupan tanto por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo, y no trabajan ni tejen. Pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como una de ellas. Y si Dios viste así el pasto del campo, que hoy brota y mañana se echa al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes? ¡Qué poca fe tienen! No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos?, o ¿qué beberemos?, o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso. Por lo tanto, busquen primero su reino y su justicia, y se les darán también todas esas cosas. No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará por sí mismo. A cada día le bastan sus problemas. (Mateo, cap. 6, vers. 25-34)

Jesús nos revela a Dios como PADRE, no como energía cósmica, no como un universo etéreo, y nos pide confiar en Él, que nos abandonemos a Él, como hijos suyos que somos. Una y otra vez insiste sobre lo mismo, y nos enseña el Padre Nuestro, la oración por excelencia de los cristianos.

Actualmente vivimos en un mundo sobrecargado de información, las redes sociales nos muestran permanentemente una abrumadora cantidad de contenidos, tanto verdaderos como falsos. Esto incluye también a los temas religiosos. Aunque la Iglesia Católica hace un esfuerzo por preservar la verdad, lamentablemente mucho «católicos» caen en la tentación de alimentar sus creencias en fuentes erróneas, y cada quien se va fabricando una religión a la medida, que satisfaga las propias necesidades espirituales y que refuerce creencias preexistentes. Pero una condición de la Fe, es permanecer fieles a la predicación de Jesús, tal como Él nos dice:

Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás. (Juan, cap. 8, vers. 51)

También nos dice San Pablo en la Biblia:

Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. (1ra carta a los Corintios, cap. 15, vers 1-2)

Sin embargo, cuando desconocemos un tema determinado, a los seres humanos nos gusta especular y sacar nuestras propias conclusiones, de acuerdo a lo que nos suena lógico, y emitimos opiniones que generalmente no están debidamente sustentadas. Estas breves lecciones que te propongo están basadas en la Fe de la Iglesia, en las enseñanzas que los Apóstoles recibieron de Jesucristo, y que se han transmitido desde entonces a través de los Obispos.