4. La Palabra de Dios

Hemos dicho que nos mantenemos unidos a Cristo a través de la oración, la lectura de la Biblia y los sacramentos. Esta sección la dedicamos a la Biblia, Palabra de Dios.

Leer la Biblia no es como leer un libro cualquiera. La lectura meditada de la Biblia transforma lentamente al lector. Veamos dos textos tomados de ella:

“En efecto, la palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, las articulaciones y los tuétanos, haciendo un discernimiento de los deseos y los pensamientos más íntimos. No hay criatura a la que su luz no pueda penetrar; todo queda desnudo y al descubierto a los ojos de aquél al que rendiremos cuentas.” (Hebreos 4, 12-13)

“Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y haberla hecho germinar, para que dé la simiente para sembrar y el pan para comer, así será la palabra que salga de mi boca. No volverá a mí con las manos vacías sino después de haber hecho lo que yo quería, y haber llevado a cabo lo que le encargué.” (Isaias 55, 10-11).

 Hay distintas formas de aproximarnos a las Sagradas Escrituras, pero en cualquier caso, siempre debe pedirse la asistencia del Espíritu Santo. También dice la Biblia  “cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará en todos los caminos de la verdad.” (Juan 16, 13). Sólo a la luz del Espíritu Santo los textos bíblicos nos van revelando un sentido particular, más allá de lo explícito en el propio texto. Va dando significados a los acontecimientos de la propia vida.

Lo primero que se requiere es familiarizarse con su origen, su historia y cómo está organizada. No es un libro mágico bajado del cielo, sino que a lo largo de varios siglos Dios inspiró a distintos escritores para que pusieran por escrito su mensaje, y es por eso que encontramos en ella algunas cosas marcadas por el contexto histórico y cultural del escritor, carentes de sentido para nosotros.

Lo más recomendable es marcar una ruta de lectura. Las primeras rutas deben ir enfocadas en conocer mejor a Jesús. El Evangelio de Marcos te proporciona una mirada rápida a la vida de Jesús. Luego, para conocer un poco más la dimensión divina de Jesús, Hijo de Dios, puedes leer el Evangelio de Juan y luego sus 3 cartas. Conocer con mayor profundidad lo que significa intentar seguir a Jesús, la ruta que te propongo es el Evangelio de Lucas, los Hechos de los Apóstoles, y las cartas del Nuevo Testamento.

Al leer los Evangelios, cada día debe leerse un episodio o escena, buscar si tiene paralelos en otros los Evangelios, leer los comentarios al pie de página, y más que interpretar lo que se lee, lo que debe buscarse es el significado más allá de lo evidente, que sentido tiene para tu vida.

Para orar te recomiendo los Salmos. Para nutrir el espíritu con enseñanzas espirituales tenemos los libros de los Proverbios, la Sabiduría, el Eclesiastés, el Eclesiástico. Estos libros contienen enseñanzas y consejos prácticos para la vida. Para conocer la historia del pueblo de Dios, puedes leer los primeros cinco libros (Génesis, Éxodo, Números, Levítico y Deuteronomio), luego los libros históricos y los libros proféticos, todos del Antiguo Testamento.

Recuerda que no debe ser una lectura apresurada, y que tienes toda una vida por delante, con el tiempo suficiente para leerla. Debe ser una lectura degustada, meditada. Y como en todo este proceso espiritual, debes pedir la luz del Espíritu Santo, y descubrirás con asombro aspectos que tienen un especial significado para ti.