El camino que se recorre en la búsqueda de la experiencia de Dios, tendrá algunos momentos especiales, profundamente significativos, caracterizados por éxtasis espirituales. Las experiencias místicas no están reducidas a los fenómenos extraordinarios como levitaciones, estigmas, visiones, etc, sino que se refiere más bien a una profunda experiencia interior del creyente. Son momentos en los cuales se percibe la inefable presencia de Dios, una radical experiencia de la trascendencia, un momento de unidad-comunión-presencia donde la mente y el espíritu sienten muy cerca el ardor del amor divino.
Del mismo modo que el enamorado tiende al uso de expresiones religiosas –¡te adoro!–, el místico propende a hablar de la relación religiosa en términos eróticos. En el Cantar de los Cantares Dios mismo nos pone un ejemplo de la pasión que desencadena la intensidad de su amor.
La experiencia mística no es lo esencial en la fe, no es la meta ni tampoco un premio. Es una experiencia que Dios otorga como un don para refrescar el alma del cristiano, un oasis en medio del peregrinar por el mundo. Puede significar algún avance en el camino espiritual, pero no que se haya logrado la perfección espiritual. Cabe recordar lo que dice la Biblia: “el que crea estar firme, tenga cuidado de no caer.” (1ra Corintios 10, 12).
El famoso teólogo Karl Rahner afirmaba que la vida cristiana “está mediada por el concreto encuentro amoroso con Jesús en una mística de amor”. Pero un ingrediente necesario para alcanzar tales experiencias es la mediación de la Iglesia, a través de la liturgia y los sacramentos. La mística es una realidad profundamente eclesial que se sitúa en el corazón de la Iglesia. Una mística trinitaria que despierta la oración del creyente en estos términos: «Concédenos el último deseo de nuestro corazón: el poder contemplar sin velos tu rostro y adorarte a ti con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén». (Karl Rahner).
Todos los cristianos que con devoción se mantienen firmes en el camino del crecimiento espiritual tendrán en algún momento experiencias místicas. No es un camino reservado para una élite espiritual. Sin embargo, el peligro de las experiencias místicas son las “noches oscuras” o los “desiertos espirituales” que le siguen. De pronto Dios está como ausente, ya lo hemos sentido y sabemos que está allí. Todos los grandes místicos cristianos nos lo advierten.
La invitación es pues a dedicar tiempo de calidad a la oración, la lectura de la Palabra de Dios y la participación activa en la oración litúrgica de la misa y los sacramentos, y Dios en algún momento te concederá como un inmerecido regalo extraordinarias experiencias de su presencia en tu vida.
