Vacunarse, un acto de amor al prójimo y responsabilidad colectiva

La ciencia puede liberar a la religión de error y superstición; la religión puede purificar a la ciencia de idolatría y falsos absolutos. Juan Pablo II

https://www.comillas.edu/images/catedras/CTR/CARTAJUANPABLII.pdf

No en vano dice el refrán que «una mentira repetida mil veces termina siendo verdad»., y este es el caso del origen de las vacunas contra el Covid-19. Para algunos católicos el tema de las vacunas ha causado dilemas morales por no manejar adecuadamente la información sobre la forma en que se producen las vacunas. Hay quienes creen que todas las vacunas se hacen a partir de fetos humanos, lo cual es falso. Para aclarar este asunto recomiendo leer dos interesantes artículos:

Los tratamientos contra el covid-19 no contienen células y tejidos de fetos abortados, por el Dr. Elmer Huerta, publicado en CNN Español.

Vacunas, «células de fetos abortados» y otras teorías irracionales, publicado por el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría.

Para resumir ambos artículos, en la década de 1960’s si se realizaron algunas investigaciones con células de fetos, pero a partir de allí se emplean células creadas en laboratorios, que contienen la misma configuración de células embrionarias, pero que no provienen de un ser humano sino que son fabricadas artificialmente.

Aparte podemos citar otros artículos sobre el tema de la vacuna desde la perspectiva católica:

Vacunarse: un acto de responsabilidad con uno mismo y de solidaridad con los demás que reseña una Instrucción Pastoral de los Obispos de Puerto Rico, y también Obispos de EE.UU.: Vacunarse contra el COVID-19 debe verse como un acto de caridad, publicados ambos en Aleteia.org. También les recomiendo este breve reel en Instagram: https://www.instagram.com/p/CTy-QfXtZp5/?utm_source=ig_web_button_share_sheet

Es por esto que sin titubear al papa Francisco nos exhorta a vacunarnos, pues sin duda es un acto de amor, un acto de responsabilidad para con el prójimo, pues al vacunarnos reducimos la probabilidad de contagiarnos y de a su vez contagiar a otras personas.

Sin embargo, algunos argumentan la libertad individual para decidir no vacunarse. Pero en este tema no se trata de una decisión personal inocua para los que nos rodean, como decidir sobre lo que quiero comer o la película que quiero ver; en este caso, esa decisión afecta significativamente al prójimo, pues se elige el riesgo de contagiarse y de contagiar a otros, llevándolos incluso a la muerte.

8. Celebrando la Fe

El tercer mandamiento nos pide santificar las fiestas, es decir, participar en las celebraciones religiosas y de culto. Jesús dio ejemplo de ser asiduo al culto religioso en el templo, además de la oración individual. Los apóstoles y las primeras comunidades cristianas se reunían para celebrar la eucaristía. La celebración comunitaria de la Fe es parte esencial de los cristianos católicos.

La liturgia o celebración cultual de los cristianos es la cumbre y fuente de la actividad de la Iglesia, y esta gira fundamentalmente en torno a los siete sacramentos. Pero la columna vertebral de la vida cristiana es la celebración eucarística, la Santa Misa.

Eucaristía significa acción de gracias. Dice la Didache : «En el día del Señor reúnanse y partan el pan, y den gracias, después de haber confesado sus pecados, a fin de que su sacrificio sea puro» (14#1).

Si bien en la Misa celebramos un único acontecimiento, el sacrificio de Cristo, la liturgia nos ofrece variedad en cada celebración, pero solo la aprecia quien sabe en qué consiste y de verdad se involucra en ella.

La Santa Misa.

La celebración de la Misa representa la mayor celebración de la fe cristiana. Jesús la instituyó en la última cena:

Mateo 26, 26-28: Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo.» Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: «Beban todos de ella: esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que es derramada por muchos, para el perdón de sus pecados.  Marcos 14, 22-24: Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomen, esto es mi cuerpo.» Tomó luego una copa, y después de dar gracias, se la entregó y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramada por muchos.  Lucas 22, 19-20: Después tomó pan y, dando gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes. (Hagan esto en memoria mía.» Hizo lo mismo con la copa después de cenar, diciendo: «Esta copa es la alianza nueva sellada con mi sangre, que es derramada por ustedes»).

Luego de resucitar cuando se encuentra con los discípulos camino de Emaús, ellos no lo reconocieron al principio, pero Jesús se sentó con ellos a comer, “y mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron” (Lucas, 24, 30-31).

En una ocasión, Jesús le había dicho a sus discípulos: donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo, en medio de ellos. (Mateo 18, 20). Por eso el deseo y la necesidad de reunirse continuamente en su nombre. Por eso, al comenzar nuestra celebraciones invocamos su presencia diciendo “En el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”.

El Evangelio de Juan no narra la última cena. Para cuando Juan escribe su Evangelio ya habrían pasado unos 60 años desde la resurrección de Jesús y ya la Iglesia estaba organizándose, ya había adoptado costumbres, ya las comunidades acostumbraban celebrar la Fracción del Pan, que después sería llamada Acción de Gracias:

  • Eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones (Hechos 2, 42).
  • El primer día de la semana estábamos reunidos para la fracción del pan (Hechos 20, 7).

En San Pablo era un tema recurrente la acción de gracias en el contexto de la oración:

  • Yo he recibido del Señor lo que a mi vez les he transmitido. El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía.» De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía.» Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que venga. (1ra Corintios 11, 23-26).
  • Ante todo recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias a Dios por toda la humanidad (1ra Timoteo 2, 1).
  • En todo momento oramos por ustedes y damos gracias a Dios, Padre de Cristo Jesús, nuestro Señor (Colosenses 1, 3).
  • Debemos dar gracias a Dios en todo tiempo por ustedes, hermanos (2da Tesalonicenses, 1,3).
  • Por lo que no dejo de dar gracias a Dios y de recordarlos en mis oraciones (Efesios 1, 16).
  • Doy gracias a Dios, a quien sirvo con conciencia limpia como mis antepasados, cuando constantemente te recuerdo en mis oraciones noche y día. (2da Timoteo 1, 3).

Por eso Juan dedica el capítulo 6 de su Evangelio a profundizar el significado del Pan de Vida.

¿Qué se hace en la Misa?

La Misa es una oración dirigida a Dios Padre. En toda la Misa pedimos al Padre por la mediación o intercesión de su Hijo Jesucristo.

En la Misa no somos simples espectadores, no estamos para «oír» simplemente, sino que junto a la oración del sacerdote también está la oración de todos los bautizados que participamos conscientemente en la celebración. Es más o menos como cuando en una asamblea de trabajadores, uno de los trabajadores dirige unas palabras al patrono en nombre de todos sus compañeros, pero todos ellos se hacen uno con su dirigente en sus palabras. Del mismo modo el sacerdote preside la oración pero todos participamos de ella por el sacerdocio común de los fieles que nos fue otorgado por el bautismo.

Lo más importante a tener en cuenta en la Misa es que las oraciones no deben decirse al aire, como quien habla con una pared, sino que deben recitarse desde el corazón, como quien habla con alguien, concentrado en cada palabra que pronuncian los labios, porque estamos hablando nada más y nada menos que con el mismo Dios.

La misa tiene 4 partes. El sitio web Misas.org los describe bastante bien:

Ritos iniciales:

Recordando la promesa de Jesús, «donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18, 20), se comienza invocando la presencia de Dios: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. En este momento ocurre el primer milagro: Jesucristo se hace presente!!!

Luego en el Acto penitencial nos reconocemos pecadores delante de Dios, y rezamos:

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.

Luego el sacerdote da la absolución a las falta leves.

Si es Domingo, o en alguna fiesta importante de la Iglesia, se reza el Gloria, una hermosísima oración de alabanza a Dios:

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que amas Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso Señor,
Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Los ritos iniciales concluyen con una oración del sacerdote: «Oremos…». Estas oraciones varían en cada Misa. Es importante tener presente que en las oraciones que reza el sacerdote, hay que escucharlas con atención y sentir que el sacerdote está pronunciándoles en nombre de todos, como cuando en una asamblea escogemos a alguien que hable en nombre de los presentes.

Liturgia de la Palabra:

En esta parte se leen unos textos de la Biblia. En la Misa del Domingo o en las fiestas de la Iglesia, se leen 4 textos: 1ra Lectura, tomada del Antiguo Testamento, un Salmo o cántico bíblico, 2da Lectura, tomada del Nuevo Testamento, y el Evangelio, tomado de uno de los cuatro Evangelios. En las Misas entre semana (lunes a sábado), son solo la 1ra lectura (bien sea del AT o del NT), el Salmo y el Evangelio.

Las lecturas de cada Misa están en unos libros llamados «Leccionarios». Aunque hay nueve leccionarios, podemos dividirlos en tres tipos:
1. Lecturas dominicales y de fiestas del Señor, que se distribuyen en tres años, en los llamados ciclos A, B y C. En el ciclo A se lee principalmente el Evangelio de San Mateo, en el B el de San Marcos y en el , San Lucas. San Juan se lee intercalado.
2. Lecturas entre semana, que se dividen en dos años: año par e impar.
3. Lecturas para ferias de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, Misas votivas, fiestas de santos, etc.

Quien asista a Misa todos los Domingos durante 3 años seguidos, puede decir que ha leído (o escuchado) casi todo el Nuevo Testamento y buena parte del Antiguo.

Luego el sacerdote comenta las lectura (homilía). Más allá de lo que el sacerdote pueda predicar, es importante que cada quien piense sobre lo que Dios le dice a uno mismo con las lecturas. El sacerdote da una explicación general, pero Dios también habla en el corazón de cada persona a través de su Palabra.

Terminada la predicación del sacerdote, sigue la profesión de Fe y se recita el Credo. Hay dos versiones o fórmulas: el Credo de los Apóstoles y el Credo Niceno-Constantinopolitano.

El Credo o Símbolo de los Apóstoles, es más corto, y se le llama así por las palabras de San Ambrosio (+ 397 DC): «Es el símbolo que guarda la Iglesia romana, la que fue sede de Pedro, el primero de los Apóstoles, y a la cual él llevó la doctrina común»:

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, y subió a los cielos, está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

El «Credo largo» fue redactado en los Concilios de Nicea (325 DC) y de Constantinopla (381 DC), y de allí su nombre: niceno-constantinopolitano:

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Luego del Credo, sigue la Oración de los Fieles, donde pedimos por todas nuestras intenciones. Es muy importante tener presente a nuestros hermanos difuntos; si en verdad los amamos en vida, vamos a demostrárselo ayudándolos a superar rápido la etapa del purgatorio, y nada mejor para eso que la Santa Misa, como tantos místicos lo ha comentado.

Liturgia de la Eucaristía:

Es la parte central de la Misa, pues es cuando se transforma el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesús, y tomamos la comunión. Tiene también varios segmentos o partes:

El Ofertorio es cuando se presentan las ofrendas (pan y vino) en el altar, y el sacerdote ora sobre ellas, e invita a los fieles a orar con el:

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes,
sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

Los fieles responden:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio,
para alabanza y gloria de su nombre,
para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

Luego viene el Prefacio, es una hermosa oración de acción de gracias. Comienza así:

sacerdote: El Señor esté con ustedes.
fieles: y con tu espíritu.
sacerdote: levantemos el corazón.
fieles: lo tenemos levantado hacia el Señor.
sacerdote: demos gracias al Señor nuestro Dios.
fieles: es justo y necesario
sacerdote: en verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor Padre Santo, Dios Todopoderoso y Eterno… y el sacerdote continua agradeciendo por distintos motivos: la vida, la creación, la redención, el motivo de alguna festividad en particular, etc.

El Prefacio concluye invitando a alabar a Dios con el canto de los ángeles: el Santo.

Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Hosanna en el cielo

Luego siguen la Plegaria Eucarística. En el Misal hay cuatro plegarias principales, pero hay otras como la de misa de niños o otras misas por intenciones diversas.

En estos enlaces puedes ver los textos de cada Plegaria:

Las plegarias están constituidas por elementos diferenciados:

Epíclesis, en el momento que el sacerdote pone sus manos sobre las ofrendas, justo antes de la consagración de las especies:

Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor (Plegaria eucarística I).

Te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu,
de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y + la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor (Plegaria eucarística II).

Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en el Cuerpo y + la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios (Plegaria eucarística III).

Por eso, Padre, te rogamos que este mismo Espíritu santifique, Señor, estas ofrendas, para que se conviertan en el Cuerpo y + la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor, y así celebremos el gran misterio que nos dejó como alianza eterna (Plegaria eucarística IV).

La Consagración, cuando el sacerdote narra la institución del sacramento y el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo:

Él mismo, hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación
y la de todos los hombres, tomó pan en sus santas y venerables manos,
y, elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso,
dando gracias te bendijo,
lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Del mismo modo, acabada la cena,
tomó este cáliz glorioso
en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Este es el segundo milagro.

Viene entonces la Aclamación, que tiene al menos tres fórmulas:

Sacerdote:Fieles:
Éste es el Sacramento (o el Misterio) de nuestra feAnunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
Aclamad el misterio de la redenciónCada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
Cristo se entregó por nosotros.Por tu cruz y resurrección
nos has salvado, Señor.

En la Anamnesis se hace un recuento de la pasión, muerte y resurrección del Señor:

Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos (Plegaria eucarística I).

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo (Plegaria eucarística II).

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa (Plegaria eucarística III).

Por eso, Padre, al celebrar ahora el memorial de nuestra redención, recordamos la muerte de Cristo y su descenso al lugar de los muertos, proclamamos su resurrección y ascensión a tu derecha (Plegaria eucarística IV).

En la Oblación, el sacerdote hace el ofrecimiento a Dios Padre del sacrificio de Cristo:

Te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo; pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación. Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec (Plegaria eucarística I).

Te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia (Plegaria eucarística II).

Te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad (Plegaria eucarística III).

Te ofrecemos su Cuerpo y su Sangre, sacrificio agradable a ti y salvación para todo el mundo. Dirige tu mirada sobre esta Víctima que tú mismo has preparado a tu Iglesia (Plegaria eucarística IV).

En la oración por la Iglesia, bajo el principio de la comunión de los santos, se reza por los vivos y los difuntos, por los pastores (sacerdotes y obispos), y se pide la intercesión de los santos.

Finalmente se hace la Doxología, el sacerdote reza:

Por Cristo, con El y en El,
a ti Dios Padre Omnipotente
en la unidad del Espíritu Santo
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.


Todos respondemos: AMEN!

Con la Doxología termina la plegaria eucarística y comienza el Rito de la Comunión:

Sacerdote:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:


Todos:
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
santificado sea tu Nombre,
venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.

Sacerdote:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Fieles:
Tuyo es el Reino,
tuyo el poder y la gloria
por siempre, Señor.

Sacerdote:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles:
«La paz les dejo, mi paz les doy»,
no tengas en cuenta nuestros pecados
sino la fe de tu Iglesia,
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Fieles:
Amén.

Sacerdote:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.

Fieles:
Y con tu espíritu.

Sacerdote:
Démonos fraternalmente la paz.

(se realiza el gesto del abrazo de la paz)

Todos:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

Sacerdote:
Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Fieles:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.

Sacerdote:
El Cuerpo de Cristo.

Fieles:
Amén.

(pasan los fieles a comulgar)

Luego viene la oración postcomunión.

Rito conclusivo:

La Misa concluye con la Bendición del sacerdote, y la despedida: «Pueden ir en paz» .

Si quieres conocer los textos litúrgicos, está el sitio misadiaria.blogspot.com donde encontrará todos los prefacios y plegarias eucarísticas.

El año litúrgico.

El año litúrgico es la distribución de las fiestas religiosas a lo largo del año. Se dividen en «Tiempos», que son las temporadas religiosas en el año. Cada tiempo tiene un color que le caracteriza:

El año litúrgico comienza con el primer Domingo de Adviento. El Adviento es el tiempo de preparación para la Navidad. Tras cuatro semanas de preparación, celebramos la Navidad el 25 de diciembre, el nacimiento de Jesús. Luego sigue el Tiempo de Navidad hasta el 6 de enero, fiesta de la Epifanía o manifestación del Señor, o mejor conocida como la fiesta de los reyes magos.

La Cuaresma es el tiempo de preparación para la Semana Santa, las fiestas centrales de la fe cristiana. La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos, recordando la entrada de Jesús en Jerusalén. Luego viene viene el Triduo Pascual:

  • Jueves Santo, donde celebramos la Última Cena e institución de la Eucaristía.
  • Viernes Santo, donde celebramos la Pasión y Muerte de Jesucristo.
  • Sábado Santo, en la noche, en la víspera del Domingo de Resurrección, celebramos La Pascua de la Resurrección de Jesús. Es la fiesta más importante del año litúrgico.

Los 50 días que siguen después de la Pascua se llaman Tiempo Pascual, y terminan con la fiesta de Pentecostés.

El resto se le llama Tiempo Ordinario.

Adicionalmente durante el año están las Solemnidades, Fiestas y Memorias. Las Solemnidades son las celebraciones más importantes de la Iglesia:

En las Fiestas celebramos algún misterio o título de Jesús, de su Madre María y de santos especialmente relevantes, como los apóstoles, los evangelistas, u otros según cada pais.

Las Memorias se refieren generalmente a celebraciones de los santos, que son para recordar por sus méritos y virtudes. Paras conocer la fecha en que se celebra cada santo, te recomiendo el sitio https://www.aciprensa.com/santos/.

El aborto es un crimen.

Las personas que defienden el aborto parten de dos premisas: la primera, dependiendo de las semanas no se trataría de un ser humano sino de un conjunto de células, y la segunda, si solo son células, es potestad de la mujer decidir sobre su cuerpo.

Sin embargo para los cristianos se trata de un ser humano desde el momento de la fecundación, y defendemos la vida desde su comienzo. Nuestro argumento es muy simple: cuando se cruzan un espermatozoide y un óvulo se forma un cigoto, que contiene el ADN de un ser humano. Cada óvulo y cada espermatozoide es un gameto, que contiene 23 cromosomas singulares no apareados, y al mezclarse forman los 23 pares de cromosomas completos, una secuencia completa de ADN humano.

https://es.calcuworld.com/cuantos/cuantos-cromosomas-tiene-un-espermatozoide/

Al estar presentes en células vivas, decimos que se trata ya de un ser humano en formación. Es sin duda un ser vivo con ADN humano, así de simple.

Entre 3 y 5 días después de fecundado, el cigoto se mueve hacia el útero, y mientras, se convierte en una esfera de células que llamamos blastocito, que para el 6to día ya se encuentra implantado en el útero. Entre los días 10 y 12 ya se le llama embrión. En la tercera semana ya comienzan a formarse la mayoría de los órganos, comenzando por el sistema nervioso central y el corazón. Entre la quinta y sexta semana se empiezan a escuchar los latidos del corazón. Para la octava semana se le llama feto, y ya tiene el aspecto de un diminuto ser humano.

https://babygest.com/es/definicion-de-cigoto-embrion-y-feto/evolucion-de-los-embriones/

Por si alguien tiene dudas de si un embrión es un ser vivo, recientemente acaba de nacer en Estados Unidos la bebé Molly Gibson. Molly fue un embrión fecundado en 1992, y se mantuvo congelado durante 27 años hasta el 10 de febrero de 2020, cuando fue trasplantado al útero de Tina Gibson. Molly nació el 26 de octubre de 2020. Puedes ver el reportaje en https://es.aleteia.org/2020/12/06/estados-unidos-bebe-nacido-de-un-embrion-de-27-anos/ o en https://www.wbtv.com/2020/11/30/tenn-baby-breaks-record-after-being-born-year-old-embryo/.

El magisterio de la Iglesia.

La Iglesia se ha pronunciado con insistencia sobre este tema:

Pero más allá de las argumentaciones teóricas (éticas y teológicas) excelentemente expuestas por la Iglesia sobre la defensa de la vida y el repudio del aborto, están las revelaciones privadas hechas a varios videntes, santos y místicos, quienes han sido capaces de ver la dimensión espiritual del aborto, y alertan dramáticamente sobre las consecuencias que ocasiona. Lo que sigue no son argumentos, son testimonios.

Qué opina el Cielo sobre el aborto?

Esto es lo que ha dicho la Santísima Virgen a varios videntes:

  • A Amparo Cuevas : «las madres se han convertido en las asesinas de sus propios hijos».
  • A Pedro Regis: «lloro por los crímenes practicados por las madres que abortan a sus hijos».
  • A Gladys Quiroga de Motta: «el aborto es una de las graves ofensas a Dios». Aleteia tiene un interesante artículo al respecto.
  • A Mirjana Dragicevic (de Medjugorje): «no hay pecado para Dios que no pueda ser perdonado, pero para el aborto hay que hacer penitencia toda la vida».
  • A Agustín del Divino Corazón: «el pecado del aborto lacera mi Inmaculado Corazón y el Sagrado Corazón de Jesús».

Adicionalmente tenemos el testimonio de otras personas:

  • La beata Ana Catalina Emmerick tuvo una visión donde mujer que abortó al niño producto de una violación, tuvo que expiar en el purgatorio todos los años que Dios había planeado de vida para ese niño no nacido.
  • El padre Stefano Gobbi decía que los niños abortados sin bautismo son salvados por Dios, pues no han tenido oportunidad de demostrar en vida los méritos para su salvación.
  • María Simma comentaba que los niños abortados acompañan a sus hermanos vivos durante toda su vida.
  • El Dr Kennet McAll, reconocido psiquiatra que ha estudiado clínicamente los fenómenos relacionados con el tránsito de la muerte, ha documentado unos 600 casos donde personas afirman haber visto a sus hermanos no nacidos (abortados), pero ya crecidos, como si su desarrollo no se hubiese detenido.
  • El padre Robert de Grandis, pedía hacer oraciones y bautismos a los niños abortados, y escribió varias oraciones para ellos.
  • El padre James Manjakal continuamente hacía bautizos a niños abortados y pasaba un par de horas al día rezando por ellos.
  • El padre Gabriel Amorth, reconocido exorcista, así como numerosos sacerdotes, dan testimonio de que durante los exorcismos algunos posesos revelan que el demonio se jacta de los abortos.
  • El Dr. Peter Kreeft afirma que el aborto es la parodia demoníaca de la «eucaristía» del anticristo.

En general todos los videntes coinciden que los niños abortados deben ser bautizados espiritualmente, se les debe poner un nombre y se deben celebrar misas de exequias por ellos.

Aún te parece que se trata solo de un puñado de células? De verdad crees que no tiene consecuencias cuando toque dar cuenta frente a Dios?

Los divorciados con segundas nupcias y el sacramento de la Reconciliación

Evangelizar no es lo mismo que enseñar moral o encontrar soluciones en el Derecho Canónico. Las cuestiones pastorales deben tratarse y decidirse entre quienes tienen responsabilidades pastorales.

Card. Walter Kasper, 2014

En sus palabras ante el Consistorio del 21 de Febrero de 2014, previo a la sesión inaugural del Sínodo sobre la Familia, el Cardenal Walter Kasper puso sobre la mesa de discusión la admisión a los sacramentos de la reconciliación y la eucaristía de los divorciados vueltos a casar civilmente. El problema no está en la doctrina sobre el matrimonio y la familia, la cual debe considerarse intacta y apegada a la verdad revelada, como así lo deja ver bien claro el Cardenal Kasper. Pero el hecho es que se tiene el divorcio y la ruptura  de las familias como un problema grave, y lo que no queda del todo claro es la negación per se del Sacramento de la Reconciliación a quien con verdadero arrepentimiento confiesa su pecado y su culpa, le pide a la Iglesia el perdón de sus pecados, y le es negada a priori sin considerar la condición particular de la persona.

La raíz del problema está en la deficiente iniciación cristiana a los sacramentos y en particular el matrimonio, y allí debe aplicarse la solución de raíz, pero también deben atenderse las consecuencias o síntomas que produce. Negarse a hacer algo ante el problema es como si se planteara que el problema de las drogas comienza en la familia y la falta de educación, y por tanto no debe atacarse el problema de la rehabilitación de los drogadictos o el combate del narcotráfico.

Como bien lo decía el Card. Kasper, sólo algunos casos particulares deben ser cuidadosamente examinados, y cito:

La pregunta es: ¿Esta vía, más allá del rigorismo y del laxismo, la vía de la conversión, que aflora en el sacramento de la misericordia, el sacramento de la penitencia, es también el camino que podemos recorrer en la presente cuestión? Un divorciado vuelto a casar:

1. Si se arrepiente de su fracaso en el primer matrimonio,

2. Si ha aclarado las obligaciones con relación al primer matrimonio, siendo absolutamente definitivo revertir la situación,

3. Si no puede abandonar, sin otras culpas, las obligaciones asumidas en el nuevo matrimonio civil,

4. Si sin embargo, se esfuerza de la mejor manera, según sus posibilidades, el segundo matrimonio, a partir de la fe, y de educar a los hijos en la fe,

5. Si tiene deseo de los sacramentos como fuente de fortaleza en su nueva situación,

¿Debemos o podemos negarle, después de un tiempo de nueva orientación (metanoia), el sacramento de la penitencia y luego de la comunión?

Un matrimonio civil, claramente descrito, se diferencia de otras formas de convivencia “irregular”, como los matrimonios clandestinos, las uniones de hecho, sobre todo la fornicación y los llamados matrimonios salvajes.  La vida no es sólo blanco y negro, de hecho, existen muchos matices.

Todo pecado puede ser absuelto, todo pecado puede ser perdonado. También el divorcio. Ése es el punto de partida.

Card. Walter Kasper, 2014

Para abordar el problema se propone un punto de vista: la práctica de la Misericordia a través del ejercicio del poder de perdonar los pecados dado a la Iglesia.

La Sagrada Escritura.

Entre muchas otras, son particularmente cuatro los pasajes bíblicos que  establecen el punto de partida:

  • Juan 20,22-23 (cfr. Mt.16,19 ; Mt. 18,18)

Y sopló sobre ellos, y les dijo:

—Reciban el Espíritu Santo. A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar.

  • Juan 8, 1-11.15

Pero Jesús se dirigió al Monte de los Olivos,  y al día siguiente, al amanecer, volvió al templo. La gente se le acercó, y él se sentó y comenzó a enseñarles.

Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer, a la que habían sorprendido cometiendo adulterio. La pusieron en medio de todos los presentes, y dijeron a Jesús:

—Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de cometer adulterio. En la ley, Moisés nos ordenó que se matara a pedradas a esta clase de mujeres. ¿Tú qué dices?

Ellos preguntaron esto para ponerlo a prueba, y tener así de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y comenzó a escribir en la tierra con el dedo. Luego, como seguían preguntándole, se enderezó y les dijo:

—Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra.

Y volvió a inclinarse y siguió escribiendo en la tierra. Al oír esto, uno tras otro comenzaron a irse, y los primeros en hacerlo fueron los más viejos. Cuando Jesús se encontró solo con la mujer, que se había quedado allí, se enderezó y le preguntó:

—Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?

Ella le contestó:

—Ninguno, Señor.

Jesús le dijo:

—Tampoco yo te condeno; ahora, vete y no vuelvas a pecar.

… Ustedes juzgan según los criterios humanos. Yo no juzgo a nadie;

  • Mateo 12, 31-32

Por eso les digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero.

Esta última cita es clave: TODO PECADO!!!!!!!

Los Santos Padres

Los Santos Padres atestiguan el poder de la Iglesia para perdonar los pecados. San Paciano dice, citando la Escritura: Todo lo que soltareis, dice el Señor ; no excluye absolutamente nada. Todo,  sea grande o pequeño (Ep. 3, 12). Lo mismo refiere San Ambrosio: Dios no hace diferencias; ha prometido a todos su misericordia y concedió a sus sacerdotes la autoridad para perdonar sin excepción alguna (De poenit. I 3, 10).

En otro texto San Ambrosio profundiza más esta idea (De poenit. I 13, 10):

¡Vuelvan, pues, a la Iglesia si alguno de ustedes se separó impíamente de ella! ¡Cristo promete el perdón a todos los que vuelven a ella!, pues está escrito: “Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo” (Jl 3,5; He 2,21; Rom 10,13) ¡Tenemos un Señor bueno que quiere perdonar a todos! Si quieres ser justificado, confiesa tu culpa. La humilde confesión de los pecados desata los nudos de las faltas. ¿Te avergüenza hacer esto en la Iglesia? ¿Te repugna suplicar a Dios y obtener el auxilio de la santa asamblea que suplica por ti, y esto allí donde no hay motivo alguno de vergüenza sino el de no confesar los propios pecados, puesto que todos somos pecadores, precisamente allí donde merece mayor alabanza quien es más humilde, más sincero, más despreciable a los propios ojos? ¡Llore por ti la madre Iglesia y lave tus culpas con sus lágrimas! ¡Te vea Cristo inmerso en el dolor y diga: “Bienaventurados los que lloráis, porque gozaréis” (Lc 6.21); El se alegra de que muchos lloren por uno solo. Conmovido por las lágrimas de una viuda, le resucitó el hijo, porque todos lloraban por ella (Lc 7,12-13).

El Magisterio de la Iglesia

Hay un elemento importe a destacar: sin dolor por el pecado no hay perdón. Por lo tanto el Concilio de Trento (Sesión XIV, c. 4) «La contrición, que ocupa el primer lugar entre los actos del penitente, es el dolor del corazón y odio por el pecado cometido, con la voluntad de no pecar más». El Consejo (ibíd.), además, que distingue a la contrición perfecta contrición imperfecta, que se conoce como atrición, y que surge de la consideración de la vileza del pecado o del miedo del infierno y el castigo. El Concilio de Trento enseña además (ibíd.): «aunque a veces ocurre que esta contrición sea perfecta y que reconcilia al hombre con Dios antes de la recepción real de este sacramento, siendo la reconciliación no debe ser atribuido a la propia contrición, aparte del deseo del sacramento que él (contrición) incluye».

De acuerdo con esta enseñanza de Pío V condenó (1567) la proposición de Bayo afirma que la contrición perfecta, incluso no lo hace, salvo en caso de necesidad o de martirio, el pecado cometido, sin la recepción del sacramento (Denzinger-Bannwart, «Enchir». , 1071). Cabe señalar, sin embargo, que la contrición de la que el Consejo habla es perfecto en el sentido de que incluye el deseo (votum) para recibir el sacramento. El que en realidad se arrepiente de su pecado por amor a Dios debe estar dispuesto a cumplir con la ordenanza divina con respecto a la penitencia, es decir, se confesaría si un confesor eran accesibles, y se da cuenta que él está obligado a confesar que cuando él tiene la oportunidad. Por lo tanto, es evidente que ni siquiera el dolor de corazón, puede prescindir del poder del Sacramento de la Penitencia.

El derecho de la Iglesia

El Derecho Canónico establece (cic 959):

En el sacramento de la penitencia, los fieles que confiesan sus pecados a un ministro legítimo, arrepentidos de ellos y con propósito de enmienda, obtienen de Dios el perdón de los pecados cometidos después del bautismo, mediante la absolución dada por el mismo ministro, y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron al pecar.

El Papa Francisco.

La Exhortacion Apostólica Postsinodal AMORIS LAETITIA (la alegría del amor), del papa Francisco, publicada en 2016, trata sobre el amor en la familia. El capítulo sexto contiene una sección titulada «Iluminar crisis, angustias y dificultades» (# 231 – 252), y dentro de esta sección se trata el tema de las rupturas de los matrimonios . Algunos párrafos son especialmente iluminadores y recomiendo leer el texto íntegro de este breve apartado: Acompañar después de rupturas y divorcios (# 241-252). Cito un párrafo clave:

A las personas divorciadas que viven en nueva unión, es importante hacerles sentir que son parte de la Iglesia, que «no están excomulgadas» y no son tratadas como tales, porque siempre integran la comunión eclesial. Estas situaciones «exigen un atento discernimiento y un acompañamiento con gran respeto, evitando todo lenguaje y actitud que las haga sentir discriminadas, y promoviendo su participación en la vida de la comunidad.

AMORIS LAETITIA, # 243

Y respecto al Sacramento de la Reconciliación, el papa Francisco en su catequesis el 20 de Noviembre de 2013 en la Plaza San Padro nos dice:

En primer lugar, debemos recordar que el protagonista del perdón de los pecados es el Espíritu Santo. Él es el protagonista. En su primera aparición a los Apóstoles en el Cenáculo, -hemos escuchado- Jesús resucitado hizo el gesto de soplar sobre ellos, diciendo: ‘Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan’.

Jesús da a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados. ¿Pero cómo es esto? Porque es un poco difícil entender como un hombre puede perdonar los pecados. Jesús da el poder. La Iglesia es depositaria del poder de las llaves: para abrir, cerrar, para perdonar. Dios perdona a cada hombre en su misericordia soberana, pero Él mismo quiso que los que pertenezcan a Cristo y a su Iglesia, reciban el perdón a través de los ministros de la Comunidad.

…a través del ministerio apostólico la misericordia de Dios me alcanza, mis pecados son perdonados y se me da la alegría. De este modo, Jesús nos llama a vivir la reconciliación incluso en la dimensión eclesial, comunitaria. Y esto es muy hermoso. La Iglesia, que es santa y a la vez necesitada de penitencia, nos acompaña en nuestro camino de conversión toda la vida. La Iglesia no es la dueña del poder de las llaves: no es dueña, sino que es sierva del ministerio de misericordia y se alegra siempre que puede ofrecer este regalo divino.

Muchas personas, quizá no entienden la dimensión eclesial del perdón, porque domina siempre el individualismo, el subjetivismo, y también nosotros cristianos sufrimos esto. Por supuesto, Dios perdona a todo pecador arrepentido, personalmente, pero el cristiano está unido a Cristo, y Cristo está unido a la Iglesia. Y para nosotros cristianos hay un regalo más, y hay también un compromiso más: pasar humildemente a través del ministerio eclesial. ¡Y eso tenemos que valorizarlo! Es un don, pero es también una curación, es una protección y también la seguridad de que Dios nos ha perdonado.

Voy del hermano sacerdote y digo: «Padre, he hecho esto…» «Pero yo te perdono: es Dios quien perdona y yo estoy seguro, en ese momento, que Dios me ha perdonado. ¡Y esto es hermoso! Esto es tener la seguridad de lo que siempre decimos: «¡Dios siempre nos perdona! ¡No se cansa de perdonar!». Nunca debemos cansarnos de ir a pedir perdón. «Pero, padre, me da vergüenza ir a decirle mis pecados…». «¡Pero, mira, nuestras madres, nuestras mujeres, decían que es mejor sonrojarse una vez, que mil veces tener el color amarillo, eh!» Tú te sonrojas una vez, te perdona los pecados y adelante.

…se oye a alguien que dice que se confiesa directamente con Dios… Sí, como decía antes, Dios siempre te escucha, pero en el Sacramento de la Reconciliación envía un hermano para traerte el perdón, la seguridad del perdón, en nombre de la Iglesia.

Dios nunca se cansa de perdonarnos; mediante el ministerio del sacerdote nos estrecha en un nuevo abrazo que nos regenera y nos permite levantarnos de nuevo y reanudar el camino. Porque ésta es nuestra vida: continuamente levantarse y seguir adelante.

Como complemento a estos argumentos, recomiendo dos artículos publicados en Aletheia:

¿Hay pecados que un sacerdote «normal» no puede perdonar?

12 enseñanzas de los santos doctores sobre la misericordia

Conclusión

Ciertamente el matrimonio es indisoluble. Se peca cuando se descuida el matrimonio, se deja morir el amor y se rompe la relación. Ese es el pecado en cuestión. Ahora bien, si se plantea que el pecado fue haber roto una primera relación, y arrepentido de haberlo hecho hace el firme propósito por no volver a romper una relación, el fiel desea obtener el perdón de su pecado, ¿no estaría ya cumpliendo con las condiciones para el sacramento?, ¿o es que acaso este pecado no tiene perdón?.

Por otra parte, no debe obligarse a cohabitar a una pareja que no tiene sentimientos de afecto entre sí,  y además, en algunos casos la segunda relación es armoniosa y propicia la edificación mutua de la pareja, siendo además fecunda en hijos y durando por el resto de sus días, cumpliendo así lo establecido en el CIC 1055 #1: La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole…  Entonces, cuando juzgamos a priori que la segunda relación es condición de pecado, ¿no se estará juzgando con criterios humanos? (cfr. Jn. 8,15); y al impedir a los fieles una segunda relación, ¿no estaremos poniendo sobre estos fieles una carga demasiado pesada? (cfr. Mt. 23,4).

Es una gravísima responsabilidad para el sacerdote negar la absolución si la persona acude con un corazón contrito y arrepentido, a sabiendas de que sin su absolución la persona queda atada; recuérdese una vez más la Escritura: un corazón quebrantado y humillado tu no lo desprecias Señor (Sal. 51,17), ¿pero el sacerdote si puede despreciarlo? .  Cuando un ministro se niega a dar la absolución, ¿realmente está en cuenta del castigo que impone a la persona, a pesar de que pudiera estar en efecto arrepentido? . Y acaso cuando un sacerdote niega la absolución, no se parece a los que pretendían apedrear a la mujer adultera? (Cfr Juan 8, 1-11).

Hay que advertir que no son estos todos los casos, sino unos pocos que deben examinarse con cuidado y profundidad. En un mundo abierto al libertinaje, hay que medir bien cada decisión, pero por exceso de precaución no debe cometerse tampoco una injusticia.

El Magnificat

La oración.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador,
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí.
Su nombre es Santo
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo,
dispersa a los soberbios de corazón.
Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza
según lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahám y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.

Amen.

Origen.

Es la oración que reza María la Madre de Jesús cuando visita a su prima Isabel. Se encuentra en el Evangelio de Lucas 1, 46-55.

Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!»
María dijo entonces…

Lucas 1, 39-46

Oraciones para momentos del día

Al amanecer, Salmo 62:

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Amén.

En algún momento durante el día…

A tus plantas dulcísimo Jesús estoy postrado implorando el perdón de mis pecados,
porque yo confío tu divina bondad y misericordia.
Bien ves Señor mi gran miseria,
y también ves que necesito del auxilio que Tu le das a los que invocan tu Santo Nombre.
Por eso Señor me atrevo a suplicarte, por tu Divino Rostro y tu Sagrado Corazón,
que no se pierda en mí el fruto de la Sangre que derramaste en el árbol de la Cruz,
sino más bien dame una perfecta contrición,
para enmendar mi vida descarriada y emplearme en servirte.
Amén.

Himno al costarse.

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día.

Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia

La oración.

Se utiliza la misma camándula del Rosario de la Virgen. Se comienza rezando 1 Padre Nuestro, 1 Ave María, 1 Credo. Luego se rezan decenas como indica la figura. Se termina repitiendo 3 veces la jaculatoria final.

Origen.

En 1931 se aparece Jesús a una monja polaca, Faustina Kowalska. Le dijo que diera a las personas el mensaje de que la Misericordia de Dios podía perdonar TODOS los pecados si la persona se arrepentía. Pidió que pintara un cuadro con la visión que tenía, con la frase «Jesús en Ti confío».

El mismo Jesús también le enseñó la Coronilla de la Misericordia, y le dio las siguientes promesas:

  • Por la veneración de la imagen, el alma que la venera no perecerá;
  • Por la veneración de la imagen, el alma será defendida como gloria de Cristo;
  • Por la veneración de la imagen, el alma tendrá un recipiente con que puede ir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias;
  • Por la veneración de la imagen, al alma que viva a la sombra de ellos [de los rayos de la Misericordia] no le alcanzará la justa mano de Dios;
  • Por la Hora de la Divina Misericordia (D. 1320), nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Su Pasión;
  • Por la propagación de la Divina Misericordia durante toda su vida, el alma será protegida por Cristo como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido, y a la hora de la muerte, no será para ella Justo Juez, sino Salvador Misericordioso;
  • Por acercarse a la Fuente de la Vida (Cristo) el día de la Fiesta de la Divina Misericordia, el alma recibirá el perdón total de las culpas y de las penas;
  • Por la Novena, las almas que sean presentadas a Cristo (las mencionadas en la novena) van a sacar fuerzas, alivio, y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida, especialmente en la hora de la muerte;
  • Por la Coronilla de la Divina Misericordia, serán envueltas por Su Misericordia en la vida y especialmente a la hora de la muerte;
  • Por la Coronilla de la Divina Misericordia, Cristo se complace en dar todo lo que Le pidan;
  • Por la Coronilla de la Divina Misericordia, a los pecadores empedernidos (cuando la recen), Cristo colmará sus almas de paz y la hora de su muerte serán felices;
  • Con almas que recurran a Su Misericordia y con las que la glorifican y la proclaman, en la hora de la muerte, Cristo se comportará según Su infinita misericordia.

El Rosario

La oración.

Se rezan 5 misterios, seguidos de 1 Padre Nuestro, 10 Ave María, 1 Gloria y una jaculatoria:

«Oh mi Jesús, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno.
Lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia”.

Comienza con una oración inicial, que regularmente es un acto de contrición.

Para llevar la cuenta, se utiliza una «camándula» que es una serie de semillas (o cuentas) amarradas con un cordón, que contiene el número de oraciones que se deben rezar.

Los misterios se refieren a episodios de la vida de Jesús o de su madre María, se dividen en cuatro grupos, y se rezan según el día de la semana.

Misterios Gozosos (lunes y sábado)

  • La Encarnación de Jesús en el vientre de María
  • La Visitación de Maria a Isabel
  • El Nacimiento del Hijo de Dios
  • La presentación en el templo
  • El niño Jesús perdido y hallado en el templo

Misterios Luminosos (jueves)

  • El Bautismo de Jesús
  • Las bodas de Caná
  • El anuncio del Reino de Dios
  • La Transfiguración
  • La institución de la Eucaristía

Misterio Dolorosos (martes y viernes)

  • La oración en el Huerto de los olivos
  • La flagelación de Jesús
  • La coronación de espinas
  • Jesús con la cruz a cuestas camino al calvario
  • La crucifixión y muerte de Jesús

Misterios Gloriosos (miércoles y domingo)

  • La Resurrección de Jesucristo
  • Ascensión del Señor Jesucristo al Cielo
  • La venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los apóstoles
  • La Asunción de la Virgen María al Cielo
  • La Coronación de la Virgen María y la gloria de los ángeles y de los santos

Origen.

Durante siglos en lugar del «Ave María» solo se rezaban las dos primeras partes, y la oración era conocida como la “salutación”. En el siglo XIII se difundió la costumbre de rezar el “salterio de María”, que eran 150 salutaciones, y se empleaban los “contadores” para llevar la cuenta del número de salutaciones rezadas.

En la búsqueda de promover la oración entre el pueblo sencillo, en 1470 el fraile dominico Alain de la Roche ‒o Alano de Rupe‒, funda en Douai (ciudad del norte de Francia, cercana a la zona renana) la Cofradía del Salterio de la Gloriosa Virgen María. Su éxito fue tal, que pocos años más tarde el prior de los dominicos de Colonia (ciudad situada en la zona renana) creó en 1475 la primera Cofradía del Rosario. Rápidamente comenzaron a fundarse Cofradías del Rosario en otros conventos dominicos, pasando a ser responsabilidad de la Curia Generalicia de la Orden de Predicadores (Roma) en 1485.

Tratando de integrar el rezo del Rosario en la espiritualidad dominica, en esta época comienza a identificarse a santo Domingo con el Rosario. Y, pasado el tiempo, surgió la conocida tradición de que la Virgen María entregó a este santo un rosario, pidiéndole que propagara esta oración por el mundo entero; considerando así a santo Domingo el fundador del Rosario.

En 1568 el papa Pio V da la forma actual del Ave María, y establece el Rosario con 15 misterios (5 gozosos, 5 dolorosos y 5 gloriosos).

En las apariciones de Fátima (1917), la Virgen pide agregar la jaculatoria al final de cada misterio.

Luego el papa Juan Pablo II (2002) agrega los misterios luminosos.

El Credo

La oración.

Esta oración tiene dos formas:

Credo de los niceno-constantinopolitano (largo):

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.

Credo de los Apóstoles (corto):

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, y subió a los cielos, está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.
Amén.

Origen.

El credo niceno fue formulado durante el Segundo Concilio Ecuménico en la Ciudad de Constantinopla (año 381), y fue revisado en el Primer Concilio Ecuménico en Nicea (en el año 325).

El credo de los Apóstoles era el rezado por Pedro, y fue transmitido a la iglesia romana durante su estadía allí.

En la liturgia a veces se realiza la forma bautismal que es en forma de preguntas.

El Gloria

La oración.

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria,
Te alabamos,
Te bendecimos,
Te adoramos,
Te glorificamos,
Te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso.
Señor Hijo Único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre,
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros,
Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestras súplicas,
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros,
porque solo Tú eres santo,
solo Tú, Señor,
solo Tú, Altísimo Jesucristo,
con el Espíritu Santo y en la Gloria de Dios Padre.
AMEN.

Origen.

El texto comienza con las palabras que los ángeles utilizaron para anunciar el nacimiento de Jesús a los pastores (Lucas 2, 14).

El primer papa que introduce este himno en la Liturgia fue el papa Telesforo (128–139 aprox).

Como puede apreciarse, es una oración muy antigua en la Iglesia (desde el siglo II).

Ave María

La oración.

Dios te salve María, llena eres de gracia.
el Señor es contigo.
Bendita eres entre las mujeres,
y Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
AMEN.

Origen.

Se trata de repetir el saludo del ángel a la María cuando le anunció que sería la Madre de Jesús, las palabras de Isabel cuando María va a visitarla y agregamos una súplica para que ella interceda por nosotros ante Dios:

Dios te Salve María, Llena eres de gracia, El Señor es contigo.Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María. Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo. Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús.(Lucas 1, 26-31)
Bendita entre las mujeres, Y bendito el fruto de tu vientre Jesús.Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! (Lucas 1, 39-42)
Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen.La tercera parte en realidad tomó muchos siglos para que tuviera su forma actual. No es sino en 1568 que el papa Pio V deja por escrito la forma actual del Ave María.

Padre Nuestro

La oración

Padre Nuestro, que estás en el cielo,
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a quien nos ofende.
No nos dejes caer en tentación,
y líbranos del mal.
AMEN

Origen

El Padre Nuestro se los enseñó el mismo Jesús a discípulos y aparece en los Evangelios (en Mateo 6, 9-13 y en Lucas 11, 1-4).