Didaché

La Doctrina de los 12 Apóstoles

Los dos caminos

1 Hay dos caminos, el de la vida y el de la muerte, y grande es la diferencia que hay entre estos dos caminos.

El camino de la vida

2 El camino de la vida es este: «Ama en primer lugar a Dios que te ha creado, y en segundo lugar a tu prójimo como a ti mismo. Todo lo que no quieres que se haga contigo, no lo hagas a otro.»

La perfección evangélica

3 Esta es la enseñanza de este discurso: «Bendigan a los que los maldicen y rueguen por sus enemigos, y ayunen por los que los persiguen. Porque ¿qué méritos hay en que amen a los que los aman? ¿No hacen esto también los gentiles? Ustedes amen a los que los odian, y no tengan enemigo.»

4 Apártate de los deseos carnales.

Si alguno te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele la izquierda , y serás perfecto. Si alguien te fuerza a ir con él durante una milla, acompáñale dos. Si alguien te quita el manto, dale también la túnica. Si alguien te quita lo tuyo, no se lo reclames, pues tampoco puedes.

La limosna

5 A todo el que te pida, dale y no le reclames nada , pues el Padre quiere que se dé a todos de sus propios dones. Bienaventurado el que da conforme a este mandamiento; pues este es inocente. ¡Ay del que recibe! Si recibe porque tiene necesidad, será inocente; pero si recibe sin tener necesidad, tendrá que dar cuenta de por qué recibió y para qué: puesto en prisión, será examinado sobre lo que hizo, y no saldrá hasta que no devuelva el último centavo .

6 También está dicho acerca de esto: «¡Que tu limosna sude en tus manos hasta que sepas a quién la das!»

2. El segundo mandamiento

He aquí el segundo mandamiento de la doctrina:

2 No mates, no adulteres, no corrompas a los menores, no forniques, no robes, no practiques la magia o la hechicería, no mates al hijo por aborto, ni quites la vida al recién nacido.

3 No codicies los bienes del prójimo, no perjures, no des falso testimonio. No calumnies ni guardes rencor.

4 No seas doble de mente o de lengua, pues el doblez es lazo de muerte.

5 Tu palabra no será mentirosa ni vana, sino que la cumplirás por la obra.

6 No seas avaro, ni ladrón, ni hipócrita, ni malvado, ni soberbio. No trames planes malvados contra su prójimo.

7 No odies a nadie, sino que a unos los convencerás, por otros rogarás, a otros los amarás más que a tu propia alma.

3.  Apártate del mal

Hijo mío, huye de todo lo que es malo y de todo lo que se le parezca.

2 No te dejes arrastrar por la ira, pues la ira lleva al asesinato; no tengas celos, ni seas pendenciero, ni irascible; pues de todas estas pasiones se engendran los asesinatos.

3 Hijo mío, no te dejes inducir por los deseos carnales, pues la carne lleva a la fornicación; no seas un hablador sucio, ni de mirar provocativo, pues de todas estas cosas nacen los adulterios.

4 Hijo mío, no consultes a los agoreros pues eso lleva a la idolatría; ni hechiceros ni astrólogo, ni ocultista, ni quieras contemplar tales cosas. De todas ellas se engendra la idolatría.

5 Hijo mío, no te hagas mentiroso; pues la mentira lleva al hurto; ni codicioso de dinero ni de vanagloria; de todas estas cosas se originan los hurtos.

6 Hijo mío, no te hagas murmurador, pues eso lleva a la blasfemia, ni egoísta ni mal intencionado; porque de todas estas cosas se engendran blasfemias.

Haz el bien

7 Hazte, por el contrario, manso, porque los mansos heredarán la tierra,

8 hazte paciente, y compasivo, y sencillo, y pacífico, y bueno, y temeroso en todo momento de las palabras que has oído.

9 No se junte tu alma con los soberbios, sino que andarás con los justos y humildes.

10 Los sucesos que te sobrevengan los aceptarás como bienes, sabiendo que no sucede nada sino por disposición de Dios.

4.  Deberes para con la comunidad cristiana Hijo mío, de aquel que te explica la Palabra de Dios te acordarás de día y de noche, y lo honrarás como al Señor. Porque donde se anuncia la majestad del Señor, allí está el Señor.

2 Buscarás cada día los rostros de los santos, para hallar descanso en sus palabras.

3 No provocarás facciones, sino que pondrás paz entre los que pelean. Juzgarás rectamente, y no harás distinción de personas para reprender las faltas.

4 No andarás indeciso pensando si resultará o no.

5 No seas de los que extienden la mano para recibir, pero la retiran para dar.

6 Si adquieres algo por el trabajo de tus manos, da de ello como rescate de tus pecados.

7 No vaciles en dar, ni murmures mientras das, pues has de saber quién es el que recompensa tu limosna.

8 No rechazarás al indigente, de todo lo tuyo harás partícipe a tu hermano, sin decir que nada es tuyo propio; porque si en lo eterno son copartícipes, ¿cuánto más en lo temporal?

Deberes para con la familia

9 No retirarás tu mano de tu hijo ni de tu hija, sino que desde su infancia les enseñarás el temor de Dios.

10 No mandarás con aspereza a tu esclavo o a tu esclava que esperan en el mismo Dios que tú, no sea que dejen de temer a Dios que está sobre unos y otros; pues él no vendrá a escoger personas por su apariencia, sino a llamar a cuantos el Espíritu haya preparado.

11 Ustedes, los esclavos, sométanse a sus señores como a imagen de Dios con reverencia y temor.

Deber del cristiano

12 Aborrecerás toda hipocresía y cuanto desagrada al Señor.

13 No abandones los mandamientos de Dios, sino que cumplirás cuanto has recibido, sin añadir ni quitar un punto.

Confesión de los pecados

14 En las reuniones confesarás tus pecados, y no te acercarás a la oración con mala conciencia. Este es el camino de la vida.

5.  El camino de muerte

El camino de la muerte es este: ante todo, es malo y lleno de maldición: homicidios, adulterios, concupiscencias, fornicaciones, robos, idolatrías, magias, envenenamientos, rapiñas, falsos testimonios, hipocresías, dobleces, fraudes, soberbia, maldad, egoísmo, codicia, deshonestidad en el hablar, celos, descaro, altanería, jactancia.

Quiénes lo siguen

2 Perseguidores de los buenos, aborrecedores de la verdad, amadores de la mentira, desconocedores de los castigos de la justicia, sin afecto por lo bueno y lo justo, despiertos no para el bien sino para el mal; alejados de toda mansedumbre y paciencia, amantes de la vanidad, buscadores de recompensas, que no se compadecen de los pobres, no se ocupan de los afligidos, no reconocen a su creador, asesinos de sus hijos, corruptores de la obra de Dios por el aborto, ellos rechazan a los indigentes, y los oprimen más en su aflicción, patrocinadores de los ricos, jueces injustos de los pobres errando en todas las cosas. Hijos, ¡aléjense de tales personas!

6.  Preceptos y consejos

Cuida de que nadie te aparte de este camino de la doctrina, porque te enseña en contra de Dios.

2 Si puedes llevar todo el yugo del Señor, serás perfecto. Pero si no lo puedes llevar todo, haz lo que puedas.

3 En cuanto a la comida, lleva la que puedas; pero de lo sacrificado a los ídolos, guárdate mucho; pues es una adoración a dioses muertos.

7.  El bautismo

En lo que se refiere al bautismo, bauticen de este modo: Dichas con anterioridad todas estas cosas, bauticen en el nombre del Padre y del Hijo y el Espíritu Santo, en agua viva.

2 Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua. Si no puedes con agua fría, hazlo con caliente.

3 Si no tienes ni una ni otra, derrama agua tres veces sobre la cabeza, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

4 Antes del bautismo, el bautizado y el que bautiza deben ayunar previamente, y todos los que puedan. Pero al bautizando le ordenarás que ayune uno o dos días antes.

8.  El ayuno

No ayunen juntamente con los hipócritas, que ayunan el segundo y el quinto día de la semana. Ayunen el día cuarto y el de la preparación que es el sexto.

La oración

2 Tampoco ores como los hipócritas, sino, como lo mandó el Señor en el Evangelio, oren así:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan cotidiano; perdónanos nuestra deuda como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores, no nos induzcas en tentación, sino líbranos del maligno, porque tuyo es el poder y la gloria por todos los siglos.

3 Ora así tres veces al día.

9.  La acción de gracias

Acerca de la acción de gracias, da gracias de esta manera:

2 Primero sobre la copa:

Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, la que nos diste a conocer a nosotros por medio de Jesús, tu siervo. A ti la gloria por los siglos.

3 Y después del partimiento (del pan)

Te damos gracias, ¡Padre nuestro!, por la vida y el conocimiento que nos diste a conocer por medio de Jesús tu siervo. ¡A ti la gloria por los siglos!

4 De la misma manera que este pan, que partimos, estaba disperso sobre los montes, y reunido se hizo uno, así sea reunida tu iglesia de los confines de la tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder, por Jesucristo, por los siglos.

5 Que nadie coma ni beba de esta acción de gracias, sino los bautizados en el nombre del Señor, pues sobre esto dijo el Señor: No den lo santo a los perros.

10. Después de saciarse, den gracias así:

2 Te damos gracias, ¡Padre santo!, por tu santo nombre que hiciste morar en nuestro corazón, y por el conocimiento, la fe y la inmortalidad que nos has dado a conocer por medio de Jesús, tu siervo. A ti la gloria por los siglos.

3 Tú, ¡Señor todopoderoso!, creaste todas las cosas por causa de tu nombre, y diste a los hombres alimento y bebida para su disfrute, para que te dieran gracias. Mas a nosotros nos hiciste el don de un alimento y una bebida espiritual y de la vida eterna por medio de tu siervo.

4 Ante todo te damos gracias porque eres poderoso. A ti la gloria por los siglos.

5 Acuérdate, Señor, de tu iglesia, para librarla de todo mal y hacerla perfecta en tu amor, y congrégala desde los cuatro vientos, santificada, en tu reino que le has preparado. Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.

6 Venga la gracia y pase este mundo. Hosanna al Dios de David. El que sea santo, que se acerque. El que no lo es, que se arrepienta. Maranatha. Amén.

7 A los profetas, déjenlos dar gracias cuanto quieran.

11.  Fidelidad a la doctrina

Quienquiera, pues, que venga a ustedes y les enseñe todas las cosas que se han dicho antes, recíbanlo.

2 Pero si el mismo maestro, extraviado, les enseña otra doctrina para que ustedes se dividan, no le presten oído; si, en cambio, les enseña para que ustedes aumenten la justicia y el conocimiento del Señor, recíbanlo como al mismo Señor.

El apóstol itinerante

3 Con los apóstoles y profetas, obren de la siguiente manera, de acuerdo con la enseñanza evangélica:

4 todo apóstol que venga a ustedes, recíbanlo como al Señor.

5 No se detendrá sino un solo día, y, si fuere necesario, otro más. Si se queda tres días, es un falso profeta.

6 Cuando el apóstol se vaya no tome nada consigo, si no es pan hasta su nuevo alojamiento. Si pide dinero, es un falso profeta.

Apóstoles y profetas. No juzgar al profeta

7 No pongáis a prueba ni a examen ningún profeta que habla en espíritu. Porque todo pecado será perdonado, pero este pecado no será perdonado.

8 Aun así, no todo el que habla en espíritu es profeta, sino el que tiene el modo de vida del Señor. En efecto, por el modo de vida se distinguirá el verdadero profeta del falso.

Otros signos de discernimiento

9 Todo profeta que ordene poner la mesa en espíritu, no come de ella; en caso contrario, es un falso profeta.

10 Todo profeta que predica la verdad, si no cumple lo que enseña es un falso profeta.

11 Todo profeta probado como verdadero, que trabaja en el misterio de la iglesia en el mundo, si no enseña a hacer lo que él hace, no lo juzguen, pues su juicio está en Dios. Así lo hicieron también los antiguos profetas.

12 Pero al que dice en espíritu: Dame dinero, o cualquier otra cosa, no le presten oído. En cambio, si dice que se dé a los necesitados, nadie lo juzgue.

12.  Peregrinos y vagos

A todo el que viniere en nombre del Señor, recíbanle. Luego, con el discernimiento que tienen, examínenlo para conocerlo por su derecha y por su izquierda.

2 Al que pasa de camino ayúdenlo en lo que puedan: pero no se quedará con ustedes sino dos o tres días, si fuere necesario.

3 Si quiere quedarse entre ustedes, teniendo un oficio, que trabaje para su sustento.

4 Si no tiene oficio, provean según la prudencia, de modo que no viva entre ustedes cristiano alguno ocioso.

5 Si no quiere aceptar esto, se trata de un traficante de Cristo: tengan cuidado con tales personas.

13.  Sustento de profetas y maestros

Todo auténtico profeta que quiera residir entre ustedes es digno de su sustento.

2 Igualmente, todo auténtico maestro merece también, como trabajador, su sustento.

3 Por tanto, tomarán siempre las primicias de los frutos del lagar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, y las darán como primicias a los profetas, pues ellos son sus sumos sacerdotes.

4 Si no tienen profeta, dénselas a los pobres.

5 Si haces pan, toma las primicias y dalas conforme al mandato.

6 Si abres una jarra de vino o de aceite, toma las primicias y dalas a los profetas.

7 De tu dinero, de tu vestido y de todas tus posesiones, toma las primicias, según te pareciere, y dalas conforme al mandato.

14. La celebración del día del Señor

En el día del Señor reúnanse y partan el pan, y den gracias, después de haber confesado sus pecados, a fin de que su sacrificio sea puro.

2 Todo el que tenga disensión con su compañero, no se junte con ustedes hasta que no se hayan reconciliado, para que no sea profanado su sacrificio.

3 Este es el sacrificio del que dijo el Señor: «En todo lugar y tiempo se me ofrece un sacrificio puro: porque yo soy el gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones».

15.  Elección de obispos y diáconos

Elijan obispos y diáconos dignos del Señor, que sean hombres humildes, no amantes del dinero, veraces y bien probados, porque también ellos los sirven a ustedes como profetas y maestros.

2 No los menosprecien, puesto que tienen entre ustedes el mismo honor que los profetas y maestros.

Corrección fraternal

3 Amonéstense unos a otros, según los preceptos del Evangelio, en paz y no con ira. Que nadie hable al que pecare contra su prójimo, y no se le tenga ninguna consideración entre ustedes, hasta que se arrepienta.

El evangelio, norma de vida

4 Las oraciones que hagan, las limosnas que den y todo cuanto hagan, háganlo según los preceptos dados en el Evangelio de nuestro Señor.

16. Fin de los tiempos

Velen por su vida. No se apaguen sus lámparas, y no dejen de estar ceñidos sus lomos, sino estén preparados, pues no saben la hora en que vendrá nuestro Señor.

2 Reúnanse con frecuencia, buscando el bien de sus almas, pues de nada servirá todo el tiempo en que han creído, si no consuman su perfección en el último día.

3 En los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se convertirán en lobos, y el amor se convertirá en odio.

4 En efecto, al crecer la iniquidad, los hombres se odiarán entre sí, y se perseguirán y se traicionarán: entonces aparecerá el seductor del mundo, como hijo de Dios, y hará señales y prodigios, y la tierra será entregada en sus manos, y cometerá iniquidades como no se han cometido desde siglos.

5 Entonces, la humanidad será sometida a prueba, y muchos se escandalizarán y perecerán. Pero los que perseveren en su fe serán salvados por el mismo que fue maldecido.

6 Entonces aparecerán las señales auténticas: en primer lugar el signo de la abertura del cielo, luego el del sonido de trompeta, en tercer lugar, la resurrección de los muertos,

7 no de todos los hombres, sino, como está dicho: «Vendrá el Señor y todos los santos con él». Entonces el mundo verá al Señor viniendo sobre las nubes del cielo.

Sobre la «Fiducia Supplicans»

El 18 de Diciembre de 2023, el PP Francisco publica la declaracion Fiducia supplicans, sobre el sentido pastoral de las bendiciones, pero que toca el tema de la bendición de parejas homosexuales o en situación irregular, lo cual ha causado un gran revuelo y ha sido objetada por algunos obispos en distintas partes del mundo. Acá presento algunas consideraciones sobre dicha declaración.

En primer lugar, antes de hacer cualquier comentario u observación, te recomiendo leer el texto completo de la declaración, que es de pocas páginas (Fiducia supplicans). Destaquemos ahora los siguientes párrafos:

#4: Se trata de evitar que «se reconoce como matrimonio algo que no lo es». Por lo tanto son inadmisibles ritos y oraciones que puedan crear confusión entre lo que es constitutivo del matrimonio, como «unión exclusiva, estable e indisoluble entre un varón y una mujer, naturalmente abierta a engendrar hijos», y lo que lo contradice. Esta convicción está fundada sobre la perenne doctrina católica del matrimonio. Solo en este contexto las relaciones sexuales encuentran su sentido natural, adecuado y plenamente humano. La doctrina de la Iglesia sobre este punto se mantiene firme.

#20: Quien pide una bendición se muestra necesitado de la presencia salvífica de Dios en su historia, y quien pide una bendición a la Iglesia reconoce a esta última como sacramento de la salvación que Dios ofrece. Buscar la bendición en la Iglesia es admitir que la vida eclesial brota de las entrañas de la misericordia de Dios y nos ayuda a seguir adelante, a vivir mejor, a responder a la voluntad del Señor.

#33: Es esta una bendición que, aunque no se incluya en un rito litúrgico, une la oración de intercesión a la invocación de ayuda de Dios de aquellos que se dirigen humildemente a Él. ¡Dios no aleja nunca al que se acerca a Él!

#36: En este sentido, es esencial acoger la preocupación del Papa, para que estas bendiciones no ritualizadas no dejen de ser un simple gesto que proporciona un medio eficaz para hacer crecer la confianza en Dios en las personas que la piden, evitando que se conviertan en un acto litúrgico o semi-litúrgico, semejante a un sacramento.

#39: De todos modos, precisamente para evitar cualquier forma de confusión o de escándalo, cuando la oración de bendición la solicite una pareja en situación irregular, aunque se confiera al margen de los ritos previstos por los libros litúrgicos, esta bendición nunca se realizará al mismo tiempo que los ritos civiles de unión, ni tampoco en conexión con ellos. Ni siquiera con las vestimentas, gestos o palabras propias de un matrimonio. Esto mismo se aplica cuando la bendición es solicitada por una pareja del mismo sexo.

Queda claro entonces que dicha bendición no es para formalizar ni autorizar ni legalizar una unión irregular, sino que es un gesto pastoral de oración e intercesión, para ayudar en su crecimiento espiritual al creyente que busca a Dios en la Iglesia, que se encuentra en una condición particular en su vida personal.

Por definición, una Bendición es «implorar a Dios la gracia del Espíritu Santo» (Cfr Catecismo de la Iglesia, # 2627). El derecho de la Iglesia establece quienes pueden recibir una bendidión:

Las bendiciones se han de impartir en primer lugar a los católicos, pero pueden darse también a los catecúmenos e incluso a los no católicos, a no ser que obste una prohibición de la Iglesia. (cc 1170 CIC).

Como puede apreciarse, en el Derecho no se establecen exclusiones de ningún tipo.

Recordemos lo que dijo San Juan Pablo II en la encíclica Dives in Misericordia:

#15: Elevemos nuestras súplicas, guiados por la fe, la esperanza, la caridad que Cristo ha injertado en nuestros corazones. Esta actitud es asimismo amor hacia Dios, a quien a veces el hombre contemporáneo ha alejado de sí ha hecho ajeno a sí, proclamando de diversas maneras que es algo « superfluo ». Esto es pues amor a Dios, cuya ofensa-rechazo por parte del hombre contemporáneo sentimos profundamente, dispuestos a gritar con Cristo en la cruz: « Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen ». Esto es al mismo tiempo amor a los hombres, a todos los hombres sin excepción y división alguna: sin diferencias de raza, cultura, lengua, concepción del mundo, sin distinción entre amigos y enemigos. Esto es amor a los hombres que desea todo bien verdadero a cada uno y a toda la comunidad humana, a toda familia, nación, grupo social; a los jóvenes, los adultos, los padres, los ancianos, los enfermos: es amor a todos, sin excepción. Esto es amor, es decir, solicitud apremiante para garantizar a cada uno todo bien auténtico y alejar y conjurar el mal.

El enfoque pastoral de la Fiducia supplicans es pues el de la misericordia.

No se puede olvidar que TODOS somos pecadores, y todos estamos necesitados de Dios. Ningun ser humano está excento de la necesidad de la misericordia y el perdón de Dios.

Hay que considerar que generalmente las uniones a las que se refiere la Fiducia se originan en la debilidad de la condición humana, y como tales, representan para el cristiano un reto de lucha interior. Cuantas veces no hemos confesado el mismo pecado frente al sacerdote? Pecados que por nuestra debilidad nos cuesta mucho superar, y aun asi no dejamos de participar en la Liturgia ni nos alejamos de Dios. Recordamos entonces a San Pablo (Romanos 7, 14-25):

Sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy débil, vendido como esclavo al pecado. No entiendo el resultado de mis acciones, pues no hago lo que quiero, y en cambio aquello que odio es precisamente lo que hago. Pero si lo que hago es lo que no quiero hacer, reconozco con ello que la ley es buena. Así que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí. Porque yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza débil, no reside el bien; pues aunque tengo el deseo de hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. No hago lo bueno que quiero hacer, sino lo malo que no quiero hacer. Ahora bien, si hago lo que no quiero hacer, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí. Me doy cuenta de que, aun queriendo hacer el bien, solamente encuentro el mal a mi alcance. En mi interior me gusta la ley de Dios, pero veo en mí algo que se opone a mi capacidad de razonar: es la ley del pecado, que está en mí y que me tiene preso. ¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará del poder de la muerte que está en mi cuerpo? Solamente Dios, a quien doy gracias por medio de nuestro Señor Jesucristo. En conclusión: yo entiendo que debo someterme a la ley de Dios, pero en mi debilidad estoy sometido a la ley del pecado.

Es que acaso hay alguien que no se sienta identificado con lo que dice San Pablo? Como dijo el propio Jesús: «el que esté libre de pecado que lance la primera piedra» (Juan 8, 7).

Introducción: La oferta de Jesús

Al acercarnos a la Fe en Jesucristo, lo primero a tener claro es: a qué vino Jesús? La respuesta es solo una: a ofrecernos vida eterna. Cuando se dice que vino a salvarnos, simplemente quiere decir que viene a librarnos de la muerte. Dice la Biblia:

[a Jesucristo] sin haberlo visto lo aman y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así se alegran con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de la fe: la salvación de sus almas (1ra carta de Pedro, cap. 1, vers. 9)

No vino como líder social, con la sola pretensión de instaurar una sociedad más justa y fraterna. Tampoco vino como maestro espiritual para mostrarnos como integrarnos al cosmos. No vino a mostrarnos el poder de la mente, para forzar nuestros caminos según nuestros propios deseos. No vino a hablarnos de las energías del universo, ni como manipularla según nuestra voluntad, ni «decretar» lo que deseamos. En una sociedad donde el bienestar material es la meta de la mayoría, Jesucristo viene a ofrecernos la vida que sigue después de nuestro paso por este mundo.

Y respecto a la vida presente, Jesús nos dice:

Por eso yo les digo: No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos, ni por su cuerpo con problemas de ropa. ¿No es más importante la vida que el alimento y más valioso el cuerpo que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves? ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede añadir algo a su estatura? Y ¿por qué se preocupan tanto por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo, y no trabajan ni tejen. Pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como una de ellas. Y si Dios viste así el pasto del campo, que hoy brota y mañana se echa al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes? ¡Qué poca fe tienen! No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos?, o ¿qué beberemos?, o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso. Por lo tanto, busquen primero su reino y su justicia, y se les darán también todas esas cosas. No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará por sí mismo. A cada día le bastan sus problemas. (Mateo, cap. 6, vers. 25-34)

Jesús nos revela a Dios como PADRE, no como energía cósmica, no como un universo etéreo, y nos pide confiar en Él, que nos abandonemos a Él, como hijos suyos que somos. Una y otra vez insiste sobre lo mismo, y nos enseña el Padre Nuestro, la oración por excelencia de los cristianos.

Actualmente vivimos en un mundo sobrecargado de información, las redes sociales nos muestran permanentemente una abrumadora cantidad de contenidos, tanto verdaderos como falsos. Esto incluye también a los temas religiosos. Aunque la Iglesia Católica hace un esfuerzo por preservar la verdad, lamentablemente mucho «católicos» caen en la tentación de alimentar sus creencias en fuentes erróneas, y cada quien se va fabricando una religión a la medida, que satisfaga las propias necesidades espirituales y que refuerce creencias preexistentes. Pero una condición de la Fe, es permanecer fieles a la predicación de Jesús, tal como Él nos dice:

Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás. (Juan, cap. 8, vers. 51)

También nos dice San Pablo en la Biblia:

Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. (1ra carta a los Corintios, cap. 15, vers 1-2)

Sin embargo, cuando desconocemos un tema determinado, a los seres humanos nos gusta especular y sacar nuestras propias conclusiones, de acuerdo a lo que nos suena lógico, y emitimos opiniones que generalmente no están debidamente sustentadas. Estas breves lecciones que te propongo están basadas en la Fe de la Iglesia, en las enseñanzas que los Apóstoles recibieron de Jesucristo, y que se han transmitido desde entonces a través de los Obispos.

1. La experiencia de Dios

El objetivo final de este itinerario espiritual es alcanzar la “Experiencia de Dios”, la intuición de su existencia, esa certeza inequívoca de su presencia en nuestras vidas, de sentirse amados por El. Karl Rhaner, un renombrado teólogo del siglo XX, decía que el cristiano del futuro o será un “místico”, es decir, una persona que ha “experimentado” algo, o no será cristiano. Y es que en la sociedad del siglo XXI las personas por lo general estén acostumbradas a la comprobación científica de los hechos para aceptarlos como ciertos; en ese contexto, cómo relacionarse con un Dios invisible, ajeno a los sentidos y a la ciencia?

Los sentimientos también escapan a los sentidos; aunque fisiológicamente podemos explicar cuáles son los neurotransmisores o sustancias químicas que se liberan en nuestro cerebro cuando sentimos amor, tristeza, odio, aún no existe una forma de medirlos, de recrearlos en laboratorio; simplemente, los sentimos en nuestro propio ser, los experimentamos, los vivimos. Así se manifiesta Dios en nuestra conciencia.

Millones de personas a lo largo de la historia han afirmado que a Dios se le puede conocer. Pero yo no te quiero hablar de lo que han experimentado otras personas; te quiero hablar de lo que he visto y oído, de mi propia experiencia.

En la experiencia de Dios, El se revela a si mismo en nosotros, experimentamos su inmenso amor, y lo que señalaba al comienzo: la intuición de su existencia, la certeza inequívoca de su presencia en nuestras vidas y a partir de la cual iniciamos una relación personal e íntima con Dios. Una vez que sabes que está allí, no se le puede ignorar.

“Experimentar” significa “verificar viajando, dirigiéndose al lugar”; conocer metiéndose en una realidad, viviéndola por dentro. Se tiene experiencia no sólo cuando se conoce una cosa, sino también cuando el sujeto se relaciona con aquello que conoce. Así, por la experiencia se entiende aquel tipo de conocimiento “degustado”, con el que se llega a saber-conocer cosas, no por noticias externas, sino por haberlas vivido y sufrido en el interior del propio ser.

El acontecimiento espiritual posee un nivel subjetivo, del cual se puede decir muy poco, puesto que constituye un acontecimiento personal, íntimo, sustancialmente incomunicable, pero en torno a él se va elaborando una verdadera y propia experiencia en la que toman forma representaciones, reflexiones, juicios, la valoración e interpretación de lo que acontece en nuestras vidas, mediante los cuales el acontecimiento espiritual se hace inspirador de la acción y del comportamiento. Bajo el empuje de este desarrollo el acontecimiento espiritual se transforma en experiencia de la trascendencia. No la podemos ver ni tocar, pero sabemos que está allí.

Desde el punto de vista psicológico, se puede afirmar que la FE ha madurado cuando se convierte en el factor integrador de la personalidad, es decir cuando todas nuestras decisiones y acciones giran en torno a la Fe que profesamos, al Dios que amamos. Y esta maduración alcanza un clímax en la experiencia de Dios. A partir de allí todo se ve de manera diferente, y la fe se convierte en entonces en el criterio para nuestras valoraciones y toma de decisiones en los demás aspectos de nuestra vida.

Por eso los grandes místicos hablan de la “segunda conversión”. Un místico es una persona que logra tener encuentros tan intensos con Dios, que pone toda su vida en función del amor a Dios y al prójimo, como por ejemplo San Francisco de Asís o Santa Teresa de Ávila, entre muchos otros.

Pero la experiencia de Dios no es solo un evento unilateral, que depende únicamente de nuestra conciencia, de nuestra voluntad, acerca de un fenómeno llamado Dios. Es una relación. Del mismo modo, cuando se experimenta amor, se requieren al menos dos personas que se aman. Entonces la experiencia de Dios no consiste solo en saber que El existe de verdad, no es un simple acto intelectual; significa haber iniciado una relación cercana con El, una relación de amor y amistad.

Veamos tan solo dos versículos de la Biblia, donde Jesús le explicaba a sus discípulos el tipo de relación que espera de nosotros. En el primero va al grano, el amor; una persona le preguntó: “«Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?». Jesús le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el gran mandamiento, el primero.” (Mateo 22, 36-38). Mas claro imposible. No se trata de admitir intelectualmente su existencia, sino que se trata de amarlo, es lo que espera de nosotros.

En el segundo se destaca la amistad: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y son ustedes mis amigos si cumplen lo que les mando. Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos.” (Juan 15, 13-15).

De modo Dios no espera de nosotros el reconocimiento como de un vasallo. Él espera que le amemos, que estrechemos con Él una profundad relación de amistad. Pero para llegar a esto el primero se nos revela a través de la “experiencia de Dios”.

Este recorrido no podemos hacerlo sin la ayuda del mismo Dios. Hay que pedirle que nos permita conocerlo y El con seguridad enviará su Espíritu Santo para asistirnos. El mismo Jesús le dijo a sus Apóstoles: “el Espíritu Santo, el Intérprete que el Padre les va a enviar en mi Nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho.” (Juan 14, 26). San Pablo nos dice también en la Biblia: “Ni ojo vio, ni oído oyó, ni por mente humana han pasado las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman. Pero a nosotros nos lo reveló Dios por medio de su Espíritu, pues el Espíritu escudriña todo, hasta las profundidades de Dios.” (2da Corintios 2, 9-10).

Dios siempre se ha revelado a quienes lo buscan con sincero corazón. Nos dice la Biblia: “Cuando me invoquen y vengan a suplicarme, yo los escucharé; y cuando me busquen me encontrarán, siempre que me imploren con todo su corazón. Entonces haré que me encuentren” (Jeremías 29, 13-14). También dijo Jesús: “Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá la puerta. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y se abrirá la puerta al que llama.” (Mateo 7, 7-8).

La invitación es entonces a transitar los caminos de este itinerario espiritual, para vivir la experiencia de Dios, y a partir de allí estrechar nuestra relación de amistad y amor con Él.

2. Asombrarse ante la creación

El primer paso para recorrer este camino espiritual, es dejarse asombrar por la maravilla de la creación. Dice un texto en la Biblia: “El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.” (Salmo 19)

Te sugiero que una noche cualquiera, mires el cielo y trates de imaginar la infinitud del universo, sus extraordinarias dimensiones, y entonces te descubrirás a ti mismo como un minúsculo puntito.

La ciencia alcanza a comprender todo el proceso evolutivo del universo y de la vida, pero aún hay muchas preguntas que no alcanzan a responder. De acuerdo a la ciencia, todo el universo surgió de la expansión de una partícula más pequeña que un átomo, el evento llamado Big Bang, pero se desconoce por qué ocurrió. Se sabe cómo funciona la biología celular, pero se desconoce por qué surge la vida, como se pasó de la materia inerte y sin vida, a los seres animados, con vida.

Se comprende el funcionamiento de la molécula de ADN, pero se desconoce que impulsó su aparición y evolución. Es maravilloso ver cómo esa pequeña molécula es un complejo código desarrollado a partir de la combinación de apenas cuatro caracteres, y que es capaz de contener toda la información de un ser vivo, de cada uno de sus órganos, y asigna a cada célula del cuerpo una función específica.

Es verdaderamente asombroso ver la coincidencia de elementos y condiciones presentes en nuestro planeta para posibilitar el surgimiento y desarrollo de la vida.

El planeta que habitamos está repleto de una gran diversidad de especies vivas, con una belleza extraordinaria, en un equilibrio que apenas logramos comprender.

Luego estamos nosotros mismos, los seres humanos. El rasgo más inquietante para la ciencia es la “autoconciencia”. Se comprende la fisiología del cerebro, pero no cómo es que tenemos conciencia. ¿Cómo tengo conciencia de mí mismo? ¿Que yo soy yo? ¿Cómo es que estoy consciente y reconozco el mundo que me rodea? ¿Cómo tengo conciencia de que interactúo con otras personas?.

Luego está la “neuroplasticidad”. Esa fabulosa capacidad de aprender cosas nuevas. Le sigue el “lenguaje”, que no es simplemente la habilidad de comunicarnos, sino la capacidad de pensar y elaborar conceptos, pues pensamos en un lenguaje. Tenemos los sentidos que nos permiten percibir el entorno: la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto. Pero también tenemos un sentido intangible: la intuición de lo espiritual. Pero al igual que los cinco sentidos, la intuición de lo espiritual debe ser desarrollada.

Así como un músico es capaz de reconocer diferencias sutiles entre sonidos, o como un artista plástico es capaz de percibir sutiles diferencias entre tonalidades de un mismo color, o un catador percibe diferencias de aromas y sabores, así también si desarrollamos la intuición de lo espiritual, podremos también aprender a percibir la presencia de Dios. El primer paso, asombrarse ante la maravilla de la creación y reconocerse uno mismo como parte de ella.

3. La oración

En cierta ocasión Jesús dijo a sus discípulos:

«Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Toda rama que no da fruto en mí la corta. Y todo sarmiento que da fruto lo limpia para que dé más fruto. Ustedes ya están limpios gracias a la palabra que les he anunciado, pero permanezcan en mí como yo permanezco en ustedes. Un sarmiento no puede producir fruto por sí mismo si no permanece unido a la vid; tampoco ustedes pueden producir fruto si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran y se seca; como a los sarmientos, que los amontonan, se echan al fuego y se queman. Mientras ustedes permanezcan en mí y mis palabras permanezcan en ustedes, pidan lo que quieran y lo conseguirán. (Juan 15, 1-7)

Nos mantenemos unidos a Cristo a través de la oración, la lectura de la Biblia y los sacramentos. Esta sección la dedicamos a la oración.

Orar es hablar con Dios. Como todo acto de comunicación con la persona que se ama, la oración puede tener distintas formas, distintos momentos, distintas intensidades. En muchas partes de la Biblia se hace la comparación del amor de esposos entre Dios y su pueblo; el Cantar de los Cantares es un libro dedicado enteramente a ese tema. Pensemos entonces en la comunicación en una pareja para entender mejor como debería ser nuestra comunicación con Dios.

La comunicación básica es el “saludo” en los distintos momentos del día: al despertar, al acostarse, en los encuentros cotidianos. Saludar a Dios al despertar ayuda a tenerlo presente el resto del día. Dice un libro de la Biblia: “amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas… repíteselo a tus hijos, habla de ellos tanto en casa como cuando estés de viaje, cuando te acuestes y cuando te levantes.” (Deuteronomio 6, 5.7). La oración no se solo en un momento del día; es una actitud permanente durante todo el día, es tener presente a Dios en todo momento.

Hay momentos que forman parte de la cotidianidad de la pareja, como cuando comen juntos o cuando van juntos caminando, en el carro o el transporte. En estos momentos podemos usar las oraciones o cantos que aprendemos de memoria. Requisito indispensable: no repetir las oraciones como loros, dichas al viento, sin estar conscientes de los que se dice. Jesús también nos lo advierte: “Cuando pidan a Dios, no imiten a los paganos con sus letanías interminables: ellos creen que un bombardeo de palabras hará que se los oiga.” (Mateo 6, 7). Rezar una oración aprendida es como recitar un poema a la persona que se ama, poniéndole sentimiento, degustando cada palabra, ofreciéndola con el corazón.

Luego están los momentos de mayor intensidad, como cuando los esposos se encuentran en la intimidad, y dedicamos un tiempo especial para estar en unión con Dios; Jesús nos deja ver que es un momento íntimo: “tú cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo.” (Mateo 6, 6). En estos nos comunicamos mentalmente con Dios, pensamos en Él y le hablamos desde nuestra mente; podemos valernos de la lectura de algún pasaje la Biblia, alguna oración aprendida, o algún Salmo para ir complementando la oración mental. Lo más difícil es no distraerse, por eso Santa Teresa llamaba a la imaginación “la loca de la casa”. Suele ocurrir sobre todo al comienzo, pero poco a poco vas aprendiendo a mantenerte centrado en tu encuentro íntimo con Dios.

Si no estas acostumbrado a hacer oración, lo primero que se necesita es la formación de hábitos. Es lo más difícil al comienzo, pero al hacerse un hábito, ya forma parte de tu rutina diaria. Para formar hábitos debemos recurrir a algunos recursos muy sencillos. Por ejemplo, colocar en distintas partes de tu casa fotos o imágenes de Jesús. Debes tener una en tu cuarto, cerca de tu cama, y que sea lo primero que veas al despertar. Así, apenas abras tus ojos verás la imagen y recordarás saludar al Señor, o al acostarte le das las buenas noches. Si además colocas imágenes en distintas partes de tu casa, salúdalo cada vez que veas su imagen y eso te ayudará a tenerlo siempre presente.

Es conveniente tener algunas oraciones para rezarlas a diario en los momentos clave del día: al despertar, al iniciar la faena diaria, al acostarse. En este enlace te dejo varias oraciones.

Otro recurso es escuchar de vez en cuando música religiosa, la que más te guste, el ritmo que mejor te conecte con Dios. Muchas parejas tienen un tema musical que al escucharlo renuevan el amor que se profesan. Así mismo, escoge algunos temas que te permitan experimentar el amor que sientes por Dios, y escúchalos de vez en cuando, alternándolos, para que la rutina no los vacío de emoción y sentido.

Para los momentos de intimidad con Dios, lo conveniente es apartar un tiempo en tu rutina diaria. Tratar de que sea siempre a la misma hora, un tiempo que dediques de manera especial a la oración. Es bastante difícil planificar un tiempo libre en la agenda cuando estamos cargados de responsabilidades. Para algunos el momento ideal es en la noche antes de ir a dormir, mientras que para otros el mejor momento es en la mañana al despertar. Pero si tu día suele estar muy complicado y terminas acostándote muy cansado en la noche puedes probar al despertar quedándote unos minutos en tu cama y dedícalos a conversar con Dios; otra opción es buscar algún momento durante el día, como los minutos que restan después de almorzar; cada quién debe evaluar su propio ritmo.

Algunas sugerencias de oraciones:

  • El Santo Rosario. Pero, ATENCION!, no debes rezarlo a la carrera; la meta no es completar los 50 avemarías. Es mejor rezar solo 10 avemarías bien “degustados”, que rezar los 50 sin saber lo que se dijo. María la Madre de Jesús nos pide rezarlo a diario y muchos santos nos lo recomiendan. Te sugiero conocer el origen del Ave María y del Santo Rosario.
  • El rezo de Salmos. En la Biblia está el libro de los Salmos, una extraordinaria colección de oraciones inspiradas por Dios. En la Liturgia de las Horas los encontramos organizados para rezarlos diariamente en distintos momentos del día. En este enlace tienes una versión en línea de la Liturgia de las Horas.
  • Devocionarios. Existen muchísimos libritos de oraciones que pueden ayudarnos en el camino de la oración. Recuerda que NO es solo leer… es leer desde el corazón, dirigiéndose a alguien, recitándole a Dios.

Recuerda que en todo proceso de crecimiento espiritual necesitas la ayuda del Espíritu Santo. La invitación es entonces a pedir al Espíritu Santo la ayuda necesaria para mejorar la vida de oración.

4. La Palabra de Dios

Hemos dicho que nos mantenemos unidos a Cristo a través de la oración, la lectura de la Biblia y los sacramentos. Esta sección la dedicamos a la Biblia, Palabra de Dios.

Leer la Biblia no es como leer un libro cualquiera. La lectura meditada de la Biblia transforma lentamente al lector. Veamos dos textos tomados de ella:

“En efecto, la palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, las articulaciones y los tuétanos, haciendo un discernimiento de los deseos y los pensamientos más íntimos. No hay criatura a la que su luz no pueda penetrar; todo queda desnudo y al descubierto a los ojos de aquél al que rendiremos cuentas.” (Hebreos 4, 12-13)

“Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y haberla hecho germinar, para que dé la simiente para sembrar y el pan para comer, así será la palabra que salga de mi boca. No volverá a mí con las manos vacías sino después de haber hecho lo que yo quería, y haber llevado a cabo lo que le encargué.” (Isaias 55, 10-11).

 Hay distintas formas de aproximarnos a las Sagradas Escrituras, pero en cualquier caso, siempre debe pedirse la asistencia del Espíritu Santo. También dice la Biblia  “cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará en todos los caminos de la verdad.” (Juan 16, 13). Sólo a la luz del Espíritu Santo los textos bíblicos nos van revelando un sentido particular, más allá de lo explícito en el propio texto. Va dando significados a los acontecimientos de la propia vida.

Lo primero que se requiere es familiarizarse con su origen, su historia y cómo está organizada. No es un libro mágico bajado del cielo, sino que a lo largo de varios siglos Dios inspiró a distintos escritores para que pusieran por escrito su mensaje, y es por eso que encontramos en ella algunas cosas marcadas por el contexto histórico y cultural del escritor, carentes de sentido para nosotros.

Lo más recomendable es marcar una ruta de lectura. Las primeras rutas deben ir enfocadas en conocer mejor a Jesús. El Evangelio de Marcos te proporciona una mirada rápida a la vida de Jesús. Luego, para conocer un poco más la dimensión divina de Jesús, Hijo de Dios, puedes leer el Evangelio de Juan y luego sus 3 cartas. Conocer con mayor profundidad lo que significa intentar seguir a Jesús, la ruta que te propongo es el Evangelio de Lucas, los Hechos de los Apóstoles, y las cartas del Nuevo Testamento.

Al leer los Evangelios, cada día debe leerse un episodio o escena, buscar si tiene paralelos en otros los Evangelios, leer los comentarios al pie de página, y más que interpretar lo que se lee, lo que debe buscarse es el significado más allá de lo evidente, que sentido tiene para tu vida.

Para orar te recomiendo los Salmos. Para nutrir el espíritu con enseñanzas espirituales tenemos los libros de los Proverbios, la Sabiduría, el Eclesiastés, el Eclesiástico. Estos libros contienen enseñanzas y consejos prácticos para la vida. Para conocer la historia del pueblo de Dios, puedes leer los primeros cinco libros (Génesis, Éxodo, Números, Levítico y Deuteronomio), luego los libros históricos y los libros proféticos, todos del Antiguo Testamento.

Recuerda que no debe ser una lectura apresurada, y que tienes toda una vida por delante, con el tiempo suficiente para leerla. Debe ser una lectura degustada, meditada. Y como en todo este proceso espiritual, debes pedir la luz del Espíritu Santo, y descubrirás con asombro aspectos que tienen un especial significado para ti.

5. Liturgia y sacramentos

Los sacramentos son signos que comunican eficazmente la gracia de Dios y fueron instituidos por el mismo Jesucristo: el bautismo, la confirmación, la Eucaristía, la reconciliación, la unción de los enfermos, el matrimonio y el orden sacerdotal. Si comunican la gracia de Dios, entonces son necesarios para la vida cristiana. Los Apóstoles que convivieron con Jesús recibieron de Él los siete sacramentos, bien como mandato directo, como en el caso del bautismo, o bien mediante el ejemplo y la predicación, como en el caso del matrimonio. Pero no todo gesto ni mandato de Jesús era considerado un sacramento, como por ejemplo el lavatorio de los pies. Los Apóstoles que convivieron con Jesús entendieron qué era un sacramento y que no, los asumieron como práctica de la iglesia naciente, y se han mantenido hasta hoy.

En tiempos los Apóstoles los primeros cristianos emplearon un documento llamado la “Didache”, escrito en el S. I,  antes de la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 DC, o también los escritos de San Ignacio de Antioquía. En ambos escritos ya se veía la práctica de los sacramentos. El rito de los sacramentos ha ido evolucionando con el tiempo, pero en esencia son los mismos que celebraban los Apóstoles y los primeros cristianos en el Siglo I.

Para muchas personas la misa es un rito de obligatorio cumplimiento, y para otras lo relevante está en los catos o en la predicación del sacerdote. Pero en realidad es mucho más, sin embargo, para descubrir su sentido profundo, se debe participar en ella como “oración”. Para entender esto, tomemos el ejemplo de un concierto; el cantante interpreta el tema y el público sigue con la mente la letra de la canción, y siente la melodía en su interior. Así mismo debería ser nuestra participación en la misa. El sacerdote que preside la celebración es como el cantante, y nosotros debemos involucrarnos de tal modo en su oración, que sintamos que nosotros oramos con él.

Lo primero es conocer bien las partes de la Misa. La Misa es una oración que se dirige a Dios Padre, siempre invocando la intercesión de su Hijo Jesucristo. También es importante conocer las distintas plegarias eucarísticas, para que se nos haga más fácil seguir la oración del sacerdote. Las oraciones que rezamos de forma colectiva como el Gloria o el Padre Nuestro, debemos recitarlas con sentido, como quien le habla al ser amado, con el corazón y la mente.

En la Misa ocurren varios milagros, invisibles a nuestra vista. El primero es al invocar a Dios, en las tres Divinas Personas, y se hace presente en medio de todos. Como ya lo afirmó Jesús: “donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo, en medio de ellos.” (Mateo 18, 20). Al invocarlo “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”, DIOS SE HACE PRESENTE EN MEDIO DE TODOS!. Otro gran milagro ocurre el sacerdote consagra las especies de pan y vino, y se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo; no ocurre simbólicamente, realmente cambian su sustancia y Dios se hace alimento! En el momento específico de la consagración es el mejor momento para presentar a Dios nuestra súplicas o peticiones, pues en ese preciso momento están los ángeles de Dios recogiendo cada una de nuestras peticiones para llevarlas directamente a la presencia de Dios.

Ciertamente la falta de piedad de algunos ministros dificulta que los fieles asistentes a la celebración se hagan partícipes de su oración. Pero una vez que se conocen bien las partes de la misa, ya nos se depende tanto del ardor que el sacerdote le ponga a la celebración.

La invitación es entonces a conocer bien las partes de la Misa, para así poder participar en ellas como parte de la oración de la Iglesia.

6. La Iglesia, comunidad de hermanos en Cristo

Jesús no propuso una fe para vivir en forma individual, sino para vivir y celebrar en comunidad. La Iglesia fue fundada por Jesucristo. Escogió doce apóstoles para que la apacentaran como un pastor a su rebaño y puso a Pedro a la cabeza; junto a ellas estaban miles de discípulos, que eran todos los seguidores de Jesús. Hoy en día los sucesores de los apóstoles son los obispos, el sucesor de Pedro es el Papa, y todos los bautizados somos los discípulos.

Cuando Jesús envió a los discípulos no los envió en forma individual sino en parejas, de dos en dos  (Lucas 10, 1ss). En la Biblia no dice como vivían los primeros cristianos: “Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían, vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según las necesidades de cada uno. Todos los días se reunían en el Templo con entusiasmo, partían el pan en sus casas y compartían la comida con alegría y con gran sencillez de corazón. Alababan a Dios y se ganaban la simpatía de todo el pueblo; y el Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se iban salvando.”  (Hechos de los Apóstoles 2, 44-47). Queda claro que la fe se vive y celebra en la comunidad de creyentes, que es la Iglesia.

Algunas personas juzgan a la Iglesia más por sus errores que por sus contribuciones a la sociedad. Cabe recordar las palaras del Papa Francisco: “La Iglesia no es un museo de santos, sino un hospital de pecadores”. Todos los seres humanos estamos recorriendo un camino de crecimiento espiritual, nadie es perfecto, todos cometemos errores, todos estamos necesitados de la gracia de Dios, y quienes hacemos vida en la Iglesia debemos ser los primeros en reconocerlo; por eso antes de comulgar en la misa siempre decimos “Señor no soy digno de que entres en mi casa….”. Quien se fija en los pecados de los demás, también comete un grave error, pues dice Jesús “el que trata a su hermano de renegado de la fe, merece ser arrojado al fuego del infierno” (Mateo 5, 22). De modo que nadie puede poner como excusa que no va a la Iglesia porque allí hay gente hipócrita o pecadora.

En la Iglesia, Jesús también nos ha dejado a su propia madre como madre nuestra. Tres textos de la Biblia son particularmente significativos:

  • María es Madre. Juan 19, 26-27: (estando Jesús en la Cruz…) “Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.”.
  • María es eficaz intercesora ante su hijo. Juan 2, 1-11: “Tres días más tarde se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos. Sucedió que se terminó el vino preparado para la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le respondió: «Qué quieres de mí, Mujer? Aún no ha llegado mi hora.»  Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga.»  Había allí seis recipientes de piedra, de los que usan los judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad cada uno. Jesús dijo: «Llenen de agua esos recipientes.» Y los llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, les dijo, y llévenle al mayordomo.» Y ellos se lo llevaron.  Después de probar el agua convertida en vino, el mayordomo llamó al novio, pues no sabía de dónde provenía, a pesar de que lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua.  Y le dijo: «Todo el mundo sirve al principio el vino mejor, y cuando ya todos han bebido bastante, les dan el de menos calidad; pero tú has dejado el mejor vino para el final.» Esta señal milagrosa fue la primera, y Jesús la hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.”
  • María está con los discípulos de Jesús. Hechos 1, 14: “Todos ellos perseveraban juntos en la oración en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.”.

En este camino de crecimiento espiritual también ayuda mucho conocer la vida de aquellos que nos precedieron, que tuvieron que recorrer igual que nosotros el camino de la fe, y que lograron alcanzar la santidad. En particular debemos fijar nuestra atención sobre los santos laicos, aquellos que debieron trabajar para el sustento de sus familias, que atravesaron los problemas cotidianos de una persona ordinaria.

La invitación es entonces a vivir y celebrar la fe en la comunidad fundada por Jesucristo que es la Iglesia, a pedir a María que interceda por nosotros y nos acompañe en este proceso de crecimiento espiritual, y a inspirarnos en la vida de personas ordinarias como nosotros que alcanzaron la meta del encuentro con Dios.

7. La vida de fe: conversión permanente

Muchas religiones y sectas ofrecen beneficios en esta vida terrena y sobre esas promesas basan su estrategia de captación de feligresía. Las personas se acercan a su deidad para manipular las “energías” a su favor, y se convierte en una relación basada en el interés. Pero ya hemos visto que Dios espera de nosotros una relación basada en el amor. Las promesas de la fe cristiana van más allá de esta vida: nos ofrece la salvación, la vida eterna junto a Dios, la felicidad suprema. En el seguimiento de Jesús sin duda se lograrán muchas cosas en lo personal, pero es un camino por recorrer, con momentos de todo tipo, con alegrías y tristezas, altos y bajos, momentos buenos, momentos malos. Lo importante es mantenernos fieles en el amor.

Este camino no es fácil. En cierta ocasión, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos mientras se dirigía a Jerusalén. Alguien le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvarán?» Jesús respondió: «Esfuércense por entrar por la puerta angosta» (Lucas 13, 22-34). Ya nos está diciendo que no es fácil. Hay una palabra clave: ESFUERCENSE!!! También nos lo recuerda Pedro en su 2da carta: «Con una esperanza así, queridos hermanos, esfuércense para que Dios los encuentre en su paz, sin mancha ni culpa.» (2 Pedro 3, 14).

La actitud del cristiano ante la vida es siempre de agradecimiento y optimismo. Nos dice la Biblia: “Estén siempre alegres, oren sin cesar y den gracias a Dios en toda ocasión; ésta es, por voluntad de Dios, su vocación de cristianos.” (1ra Tesalonicenses 5, 16-18). Y en otra parte también nos dice: “Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito, estén alegres y tengan buen trato con todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada; antes bien, en toda ocasión presenten sus peticiones a Dios y junten la acción de gracias a la súplica. Y la paz de Dios, que es mayor de lo que se puede imaginar, les guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4, 4-7)

En este camino de crecimiento espiritual es un proceso continuo, que sólo acabará cuando nos toque partir de este mundo. El mismo San Pablo nos dice: “No creo haber conseguido ya la meta ni me considero un «perfecto», sino que prosigo mi carrera para conquistarla, como ya he sido conquistado por Cristo. No, hermanos, yo no me creo todavía calificado, pero para mí ahora sólo vale lo que está adelante; y olvidando lo que dejé atrás, corro hacia la meta, con los ojos puestos en el premio de la vocación celestial, que es llamada de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3, 12-14) Un ingrediente necesario es entonces la HUMILDAD. Se trata simplemente de admitir que por el hecho de ser seguidores de Jesús no somos perfectos, y siempre nos faltará mucho por mejorar. Por eso también nos dice la Biblia: “Revístanse de humildad unos para con los otros, porque Dios resiste a los orgullosos, pero da su gracia a los humildes.” (1ra Pedro 5, 5).

Pero ser humilde no significa tener una baja autoestima. Es la aceptación de uno mismo tal y como soy, con defectos pero también con virtudes. Cuando Jesús nos dijo “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 12, 31), da por sentado que tenemos amor propio.

Si nos aceptamos a nosotros mismos, entonces seremos también capaces de aceptar a los demás tal y como son. Recordemos lo que nos dice Jesús en la Biblia: “Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados” (Lucas 6, 36-37). El cristiano debe saber ponerse en los zapatos del otro y no juzgar de buenas a primeras, suponiendo y haciendo conjeturas sobre las cosas que creemos saber de la vida de los demás.

El cristiano también debe caracterizarse por su vocación de servicio. La Biblia está llena de versículos sobre ese tema, para basta citar las palabras de Jesús: “Hagan como el Hijo del Hombre, que no vino a ser servido, sino a servir” (Mateo 20, 28 / Marcos 10, 45). Y también: “Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos.»” (Marcos 9, 35). La invitación es entonces a vivir a con intensidad este camino del crecimiento espiritual, con sus altos y bajos, sus primaveras y desiertos; es un camino que nunca acaba pero nos espera una gran recompensa al final de nuestra por esta vida.

8. La experiencia mística

El camino que se recorre en la búsqueda de la experiencia de Dios, tendrá algunos momentos especiales, profundamente significativos, caracterizados por éxtasis espirituales. Las experiencias místicas no están reducidas a los fenómenos extraordinarios como levitaciones, estigmas, visiones, etc, sino que se refiere más bien a una profunda experiencia interior del creyente. Son momentos en los cuales se percibe la inefable presencia de Dios, una radical experiencia de la trascendencia, un momento de unidad-comunión-presencia donde la mente y el espíritu sienten muy cerca el ardor del amor divino.

Del mismo modo que el enamorado tiende al uso de expresiones religiosas –¡te adoro!–, el místico propende a hablar de la relación religiosa en términos eróticos. En el Cantar de los Cantares Dios mismo nos pone un ejemplo de la pasión que desencadena la intensidad de su amor.

La experiencia mística no es lo esencial en la fe, no es la meta ni tampoco un premio. Es una experiencia que Dios otorga como un don para refrescar el alma del cristiano, un oasis en medio del peregrinar por el mundo. Puede significar algún avance en el camino espiritual, pero no que se haya logrado la perfección espiritual. Cabe recordar lo que dice la Biblia: “el que crea estar firme, tenga cuidado de no caer.” (1ra Corintios 10, 12).

El famoso teólogo Karl Rahner afirmaba que la vida cristiana “está mediada por el concreto encuentro amoroso con Jesús en una mística de amor”. Pero un ingrediente necesario para alcanzar tales experiencias es la mediación de la Iglesia, a través de la liturgia y los sacramentos. La mística es una realidad profundamente eclesial que se sitúa en el corazón de la Iglesia. Una mística trinitaria que despierta la oración del creyente en estos términos: «Concédenos el último deseo de nuestro corazón: el poder contemplar sin velos tu rostro y adorarte a ti con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén». (Karl Rahner).

Todos los cristianos que con devoción se mantienen firmes en el camino del crecimiento espiritual tendrán en algún momento experiencias místicas. No es un camino reservado para una élite espiritual. Sin embargo, el peligro de las experiencias místicas son las “noches oscuras” o los “desiertos espirituales” que le siguen. De pronto Dios está como ausente, ya lo hemos sentido y sabemos que está allí. Todos los grandes místicos cristianos nos lo advierten.

La invitación es pues a dedicar tiempo de calidad a la oración, la lectura de la Palabra de Dios y la participación activa en la oración litúrgica de la misa y los sacramentos, y Dios en algún momento te concederá como un inmerecido regalo extraordinarias experiencias de su presencia en tu vida.

Sinopsis de la vida de Jesús en los Evangelios

Esta sinopsis está basada en la presentada en la Biblia Latinoamericana. Aún está sujeta a revisión, por lo que debe considerarse solo como una referencia y no puede tomarse como una secuencia literal de la vida de Jesús.

EPISODIOMATEOMARCOSLUCASJUAN
Antepasados de Jesús1,1 3,23 
Un ángel anuncia el nacimiento de Juan Bautista  1,5 
La Anunciación a Maria  1,26 
Maria visita a su prima Isabel  1,39 
Primero pasos de Juan Bautista  1,57 
José el esposo de Maria1,18   
Jesús nace en Belén  2,1 
La visita de los Magos de Oriente2,1   
Jesús es presentado en el templo  2,21 
Huida a Egipto2,13   
Jesús se pierde y lo encuentran en el templo  2,41 
Juan Bautista3,11,13,1 
Predicación de Juan Bautista: penitencia3,7 3,7 
Juan presenta a Jesús3,111,73,151,19
Jesús recibe el bautismo de Juan3,131,93,21 
Jesús es tentado en el desierto4,11,124,1 
Andrés, el hermano de Pedro, conoce a Jesús   1,35
El primer milagro: las bodas de Cana   2,1
Jesús proclama su misión en Nazareth4,12 4,14 
Jesús llama a sus primeros discípulos: los hermanos Andrés y Pedro, y Santiago y Juan hijos de Zebedeo4,181,14  
Jesús sana un endemoniado en Cafarnaúm 1,214,31 
Curaciones en Cafarnaúm8,141,294,40 
Oración nocturna de Jesús 1,354,42 
La pesca milagrosa  5,1 
Curación de un leproso81,405,12 
El paralitico sanado y perdonado9,12,15,17 
El sirviente del capitán (Señor no soy digno de que entres en mi casa…)8,5 7,14,46
Jesús llama a Mateo (Levi) el publicano cobrador de impuestos9,92,135,27 
El vino nuevo en vasijas nuevas (por que los discípulos de Jesús no ayunaban)9,142,185,33 
Jesús cura en sábado al hombre de la mano seca12,93,16,6 
Los doce apóstoles10,13,136,12 
Las bienaventuranzas5,1 6,20 
Sal de la tierra y luz del mundo5,13 14,34 
No he venido a abolir la ley5,17   
No cometerás adulterio5,27   
Mo juraras en falso5,33   
Amar a todos los hombres5,38 6,27 
Hacer el bien sin decirlo6,1   
La manera de orar6,5   
El Padre Nuestro6,911,2511,1 
No amontonen riquezas6,19 12,22 
La lámpara y la conciencia6,22 11,34 
Confiar en Dios y no en el dinero6,24 16,13  
La viga y la pelusa7,1 6,37 
Pidan y recibirán7,7 11,9 
La puerta angosta7,13 13,23 
El árbol se conoce por sus frutos7,15 6,43 
La casa edificada sobre la roca7,21 6,47 
Jesús y Nicodemo   3,1
Ultimo testimonio de Juan Bautista   3,22
Jesús y la samaritana   4,1
El paralítico de la piscina de Betsaida   5,1
Jesús resucita al hijo de la viuda  7,11 
Los enviados de Juan Bautista11,22 7,18 
Jesús elogia a Juan Bautista  7,24 
La mujer pecadora y el fariseo  7,36 
Las mujeres que siguen a Jesús  8,1 
La verdadera familia de Jesús12,463,318,19 
El pecado contra el Espíritu Santo12,253,2311,17 
El Espíritu Santo les enseñará lo que deben decir10,19 12,10 
La comparación del sembrador13,14,18,4 
La semilla que crece por si sola 4,26  
El trigo y la hierba mala13,24   
El grano de mostaza; la levadura13,314,3013,18 
El tesoro, la perla, la red13,44   
Jesús calma la tempestad8,184,358,22 
El endemoniado de Gerasa8,285,18,26 
Jesús resucita a la hija de Jairo9,185,218,40 
No es éste el carpintero?13,536,14,16 
Jesús envía a los doce15,56,79,1 
A ustedes los perseguirán10,16 12,2 
No vine a traer la paz10,34 12,51 
El que ama a su padre más que a mi10,37 14,26 
La muerte de Juan Bautista14,16,14  
Primera multiplicación de los panes14,136,349,106,1
Jesús camina sobre las aguas14,226,45 6,16
Discurso sobre el pan de vida   6,30
La verdadera pureza15,107,16,39 
Jesús sana a la hija de una pagana15,217,24  
Curación de un sordomudo 7,31  
Segunda multiplicación de los panes15,328,1  
Por qué piden una señal?12,388,1111,29 
Las señales de los tiempos16,1 12,54 
El ciego de Betsaida 8,22  
Ustedes también quieren dejarme?   6,59
La fe de Pedro y las promesas de Jesús16,38,279,18 
Jespus anuncia su pasión16,218,319,22 
El que me siga, tome su cruz16,248,349,23 
La transfiguración17,19,19,28 
La vuelta de Elías17,99,11  
Jesús sana al joven epiléptico17,149,149,37 
Jesús paga el impuesto del templo17,249,11  
Si alguno quiere ser el primero18,19,339,46 
Los pequeños y el escándalo18,69,4217,1 
Cómo conviven los hermanos en la fe18,15 17,3 
El que no perdonó a su compañero18,23   
Vimos a uno que echaba los demonios 9,389,49 
No quieren acoger a Jesús en un pueblo  8,51 
Las exigencias del maestro8,19 9,57 
Jesús envía a los setenta y dos9,37 10,1 
Pobre de ti Corozain!11,21 10,13 
Jesús da gracias al Padre11,25 10,17 
Carguen con mi yugo11,27   
El buen samaritano  10,29 
Marta y María  10,38 
Jesús nos enseña cómo orar  11,4 
Feliz aquella que te dio a luz!  11,27 
Jesús critica a los de su generación12,38 11,29 
No está la vida en el poseer  12,13 
Estén prevenidos24,43 12,32 
La higuera que no tiene higos  13,1 
Curación un día sábado  13,10 
Los primeros asientos  14,7 
Los invitados que se excusan  14,5 
Lo que cuesta seguir a Jesús10,37 14,25 
Parábola de la oveja perdida18,12 15,1 
Parábola del hijo pródigo  15,11 
Parábola del administrador astuto  16,1 
Parábola de Lázaro y el rico  16,19 
Somos servidores inútiles  17,7 
Los diez leprosos  17,11 
Acerca de la venida del Reino de Dios24,26 17,20 
Parábola del juez malo y la viuda  18,1 
El fariseo y el publicano  18,9 
El matrimonio y el divorcio19,110,1  
La continencia por el Reino19,10   
Dejen que los niños vengan a mi19,1310,1318,15 
El joven rico19,1610,1718,18 
Más fácilmente pasará un camello…19,2310,2318,24 
La recompensa de los que siguen a Jesús19,2710,2818,28 
Los que fueron a trabajar a la viña20,1   
Santiago y Juan piden los primeros puestos20,2010,35  
El ciego Bartimeo, de Jericó20,2910,4618,35 
Zaqueo  19,1 
Las diez monedas25,14 19,11 
La mujer adúltera   8,1
Jesús sana a un ciego de nacimiento   9,1
Yo soy el buen pastor   10,1
La resurrección de Lázaro   11,1
Los jefes judíos deciden la muerte de Jesús   11,45
La cena en Betania26,614,1 12,1
Jesús entra en Jerusalén21,111,119,28 
Jesús expulsa del templo a los vendedores21,1211,1519,452,13
Jesús maldice la higuera21,1811,1213,6 
El poder de la fe21,2011,20  
Con qué autoridad lo haces?21,2311,2720,1 
La parábola de los dos hijos21,28   
Los viñadores asesinos21,3312,120,9 
Un rey celebra las bodas de su hijo22,1   
El impuesto para el César22,1512,1320,20 
Resucitan los muertos?22,2312,1820,27 
El mandamiento más importante22,3412,2810,25 
Cristo, hijo de David?22,4112,3520,21 
La ofrenda de la viuda 12,4121,1 
No imiten a los maestros de la Ley23,112,3820,45 
Contra los fariseos23,13 11,39 
Lamentación sobre Jerusalén23,37 13,34 
Destrucción de Jerusalén y fin del mundo24,113,121,8 
Estén preparados y vigilando24,3713,3321,38 
Parábola de las diez jóvenes25,1   
Parábola de los talentos25,14   
El juicio de las naciones25,31   
Si el grano no muere   12,20
La última cena26,1714,1222,1 
Jesús lava los pies a sus discípulos   13,2
Yo voy al Padre   14,1
Yo soy la vid   15,1
El mundo odia a Jesús y a los suyos   15,18
El Espíritu vendrá   15,26
Dentro de poco me verán   16,16
Oración de Jesús por el pueblo santo   17,1
En el huerto de Getsemaní26,614,3222,39 
Jesús comparece ante las autoridades judías26,5714,5522,5418,12
Negación de Pedro26,6914,6622,5618,25
Muerte de Judas27,3   
Jesús comparece ante Pilato27,1115,223,218,28
El via crucis27,2715,1623,26 
Jesús es crucificado27,3515,2323,3219,17
Últimas palabras de Jesús27,4515,3323,3319,25
Jesús ha resucitado28,116,124,120,1
Los discípulos de Emaús  24,13 
Jesús se presenta ante sus apóstoles  24,3620,19
Manifestación a orillas del lago   21,1
Jesús envía a sus apóstoles28,1616,924,44